Lunes, 09 Febrero 2009 13:56

“Puedo decirles que su bisabuelo vasco era un pirata”

Escrito por Pablo Zulaica Parra
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IÑAKI BEORLEGUI. CIUDAD DE MÉXICO, 1964. TAPATÍO DE ADOPCIÓN. PINTOR.


“Puedo decir a mis hijas, gemelas de 12 años, que su bisabuelo vasco era un pirata”.

Por Pablo Zulaica Parra 


            Un día, su padre decidió que no haría la vida junto a su madre ni junto a sus cinco hijos. Iñaki tenía entonces cinco años, y no fue hasta los treinta que volvió a verlo. Cuando por fin se juntaron, la cuestión franquista afloró demasiado pronto y levantó entre padre e hijo una incómoda polvareda de varios lustros. Así que a los cinco minutos, a Iñaki le quedaba claro el tono de la conversación y ponía fin a un reencuentro al que se le traspapeló el guión. Desde entonces, no se han vuelto a ver.


Distorsiones de la ausencia.

A Iñaki, pintor, cuarenta y cuatro años, se le encuentra casi a diario en la terraza de un moderno y popular café-restaurante de Guadalajara. En una mesa solo, frente a una taza de café y un montoncito de prensa y bajo un sombrero que más que diferenciarlo parece querer esconderlo. No obstante su apariencia retraída, es de palabra fácil y en unos instantes se suelta sin pudor, como quien desciende veloz tras haber ascendido una costosa y empinada montaña. En realidad, la vida misma.

Más que su propio padre, a Iñaki y posiblemente a sus hermanos, siempre les faltó su abuelo vasco. Lo demuestra el que lo cite tan pronto, apenas pasados unos minutos. Fue el propio padre quien les negó ese contacto. “Se robaron la historia familiar”, afirma ahora, con ese pesar que es dolor sincero, pero filtrado por el suave tamiz del tiempo. El tiempo, que le ayuda a relativizar, también le permite como artista que es pintar su nueva realidad. “Lo bueno y lo malo de no tener pasado es que me lo puedo inventar.

 

Puedo decir a mis hijas, gemelas de doce años, que su bisabuelo vasco era un pirata”. O en realidad, lo que quiera. Le fascina pensar en las diferentes concepciones que de éste puede tener cada uno en la familia: “Las posibilidades son infinitas”. Es una forma poco convencional de encararlo, pero convincente si viene de alguien que tiene en su exmujer a su mejor amiga y que basa su vida en expresar lo que siente, más allá de que esta vez conforme una leyenda de piratas.


El puzzle baztanés.

No obstante, en 1996 comenzó una serie de viajes hasta Elizondo, corazón del Baztán y cuna familiar, para intentar rellenar hasta donde pudiera el vacío histórico que existía. Allí se ha topado con gratas sorpresas, historias románticas y difíciles de asimilar pero que han sido piedras para reconstruir, con la imaginación para suplir algunas, parte de esa historia perdida.

Relata que la primera vez que llegó a Elizondo hizo una visita al Museo Etnográfico del Baztán. Allí supo de una tradición ancestral que venían cumpliendo los habitantes del valle desde al menos 800 años atrás. El dueño de todo caserío, al crecer sus hijos, debía nombrar un solo heredero para éste (el llamado mayorazgo). Desde entonces, el primogénito tenía la función de cuidar de sus padres en la vejez y de velar por la permanencia de la casa familiar. Él no tiene muy claro si esto era bendición o condena. Porque estos usos y costumbres establecían para cada hijo siguiente la obligación de salir del valle en busca de progreso, conscientes de la escasez de recursos naturales disponibles y de que no se podía desbordar la población del valle. Así, sólo si habían logrado hacer fortuna eran bien recibidos, tenían derecho a volver y a fundar una nueva casa. “Es una forma de consuelo –afirma Iñaki-, pensar que definitivamente mi abuelo se fue porque no se le daban esas condiciones. Si hubiera sido aventurero, excusaba de pedir permiso y lo cierto es que lo pidió. Así que quizás no heredó nada y se vino para acá.”


Lo que el padre se llevó.

Desde luego, con o sin costumbre, la situación económica fue la causa de aquella migración. Pese al silencio de su padre Domingo, Iñaki halló la prueba que buscaba en forma de un viejo salvoconducto. A los diecisiete años de edad (1917), el abuelo presentó una autorización firmada por su madre, que bajo el oficio de carpintero lo facultaba para salir rumbo a México en busca de un futuro y se lo encomendaba a un tío que lo había requerido y lo esperaba en el puerto de Veracruz, como se estilaba en esa época. Él siempre ha pensado que la ruptura y el consiguiente mutismo de su padre en torno a ese asunto se debían a un sentido de culpa, eran fruto de la humillación que sentía por saberse hijo de emigrantes tan humildes: “Mi madre decía que el abuelo era todo un vasco de boina y puro”, afirma Iñaki.

Tres de los cuatro abuelos de Iñaki vinieron de la península –los maternos, desde Galicia- por causas parecidas. Aparte de la cuestión económica, se estaba fraguando la Primera Gran Guerra. Pero fue en Elizondo donde comprendió in situ y donde su pasado le caló fuerte: “Aquello es bellísimo, sientes que de alguna manera de allí vienes.” Se le trató estupendamente, porque “en el valle se le tiene mucho cariño a México”. Y reconoce que no hubo baztanés que al saber que era mexicano no le tratara bien. Comprobó en carne propia los lazos tan fuertes que los lugareños viejos han creado con América, de tanto repetirse la historia a través del tiempo. Por ejemplo, ahora sabe de varios Beorlegui en Argentina. Pero cuando llegó al pueblo, sin embargo, conoció la otra cara de la moneda, y se alojó en un hotelito de un joven que había vivido en México. Actualmente Iñaki está peleando la ciudadanía española para sus hijas, porque intuye que “algún día agarrarán la mochila y se querrán ir para allá”, igual que hizo él.


Identidad asegurada. 

Lo suyo es la pintura, y considera a Velázquez el mejor autor de la historia; seguido de Goya, y aunque vasco fue Zuloaga, añade, lamenta que no lo haya sido también el de Fuendetodos. Pero su interés por lo vasco trasciende asuntos puntuales como pintura o genealogía. Se le nota informado, y ha visitado y recorrido Euskalerria en varias ocasiones en los últimos años. Esto y la posición que ocupa en la distancia, condición del multipátrida, hacen necesario preguntar por su opinión al respecto de la identidad vasca. Si bien uno puede desconocer el día a día, sin duda desde fuera se logra otra perspectiva y hay algo que Iñaki admira con especial orgullo. “Es muy curioso –dice-, los vascos tratan de hacer nexos inmediatamente y de establecer algo que les ayude a forjarse una identidad.” Lo ha visto en el DF, sobre todo; y él lo vive ahora en Guadalajara, aunqe a pesar a ser una zona fundada por vascos (Juan de Oñate, Vitoria-Gasteiz, 1504) su presencia no es tan grande. Le impresiona “el amor por la tierra de estos cabrones”, término este último condescendiente y afectivo tratándose de un mexicano, y por el contrario afirma que el vasco por lo general “es muy necio”, ahora con el sentido de cabezota, de empeñado. “¿Cuándo le gana uno a la pared? ¿Quién carga la pelota más pesada?” El humor es manifiesto en su tono y ello otorga validez a sus ejemplos. No obstante, y ya en temas más serios, afirma irónico que los vascos muy ortodoxos son un pain in the ass, y cita a alguno que otro ya desaparecido del panorama político.

Iparralde es femenino

 

En este sentido, también es notoria en él cierta predilección por Iparralde. “Caminas por el norte y no oyes nada de ruido, salvo el propio de una naturaleza impecable. Como franceses que también son, veo allí un respeto extremo por las cosas. Pasan la vida demostrando verdaderamente su amor a la tierra, cuidándola y cultivándola.” Sin embargo, “cuando cruzas a Irún, tremendas moles grises plantean un paisaje espantoso. Hay más color gris, y también más confrontación, y más terrorismo.” En este punto, hace un apunte universal y transversal seguramente muy  compartido por  muchos. Para Iñaki, muchos errores políticos son errores típicamente masculinos. “Si la mujer llegara al poder como mujer que es, sin imitar comportamientos del hombre, el mundo iría mucho mejor.”

Después de tanto evocar los paisajes de ultramar, reconoce que sí extraña. Pero allí entre sus periódicos, como buen crítico asevera: “Por encima de todo, lo que extraño es saber más”.


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Las imágenes, excepto el retrato, son obra del artista.
Más obra de Iñaki Beorlegui: http://www.ibeorlegui.com

 

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