Oct 23 2008
En la que nos alcanzaron y rebasaron las fuerzas rebeldes. Seguimos en Garai. Mi padre y Juanito Berasaluce, propietario de la casa donde estábamos refugiados. Dos o tres días antes de que Garai fuera ocupada por las tropas rebeldes, ante el temor de que por la edad los obligaran a irse con las tropas en retirada decidieron irse al monte y ocultarse hasta que se viera como quedaba la situación. Creo que dos días después de ser ocupado Eibar, el día 28 de abril ese día por la mañana se presentaron en Garai, un camión con miembros de las Fuerzas de Orden Público (especie de Gestapo en versión republicana) ordenándonos que antes de tres horas debíamos abandonar el pueblo, ya que en Garai se iba a preparar una línea de defensa. Advirtiéndonos que quienes no acataran la orden serían detenidos y pasados por las armas. Ante esta disyuntiva se reunió lo que quedaba de los habitantes del pueblo, unas treinta gentes, que luego de sopesar los pros y los contras aceptaron una propuesta que alguien hizo, de desobedecer la orden y ocultarnos en una cueva que había a unos dos kilómetros del pueblo. Esta cueva tenía unos treinta metros de profundidad y era muy espaciosa, y lo mejor era que estaba muy oculta, y su ubicación, por muy pocos conocida. Aprovechando el que los del Orden Público se habían dirigido con su camioneta a otros pueblecitos cercanos, suponíamos que para otras misiones semejantes al que hicieron en Garai, decididos a cumplir con nuestro plan agarrando cobijas y algo de comida, todos juntos nos dirigimos a la mentada cueva. Los hombres fueron ocultados al fondo de la cueva, después estaban los niños y por último cerca de la entrada estaban las mujeres, todas ellas muy decididas y dispuestas a defenderse y…
Oct 23 2008
(El gran bombardeo de Durango) Lo que vimos desde Garai. Fuimos testigos, en luneta preferente, de los varios bombardeos y ametrallamientos que tuvo que padecer Durango. A propósito de Durango, a mi padre le tocó estar presente en uno de los bombardeos, creo que el más duro, que padeció Durango. Como dije más arriba, mi padre se quedaba en Eibar a trabajar durante toda la semana y los sábados por la mañana se iba en tren hasta Durango y de aquí caminando a Garai. Y los lunes se regresaba a Eibar. Uno de los sábados, cuando en tren se iba para Durango, vieron como a un avión que pasaba por encima del tren se le ofreció ametrallarlo, por lo que enfilando en la dirección de la vía, empezó a dar pasadas ametrallándolo en toda su longitud. Afortunadamente con muy mala puntería, pues casi todos los disparos fallaban, a la cuarta pasada, estando el tren cerca del túnel de Zaldivar, tratando de llegar para ocultarse en el, por chiripa, alguna de las balas dio quién sabe donde, si en la máquina o en los cables de la conducción eléctrica, o simplemente fue algún movimiento reflejo del pie del maquinista, el caso es que a pocos metros del túnel el tren se detuvo. Los viajeros que iban en el tren, conscientes de lo que podía pasar, abrieron las puertas de los vagones y se lanzaron a tierra corriendo, cada quién a todo lo que podía, en dirección al túnel. Mi padre también hizo como los demás, pero con tan mala fortuna que al saltar del tren, cayó a una zanja que pasaba por debajo de la vía y se golpeó la frente contra una esquina de una de las piedras que formaban el canal. Y se hizo una herida como de quince…
Oct 23 2008
Mi estancia en un colegio en Bilbao. Pero llego un día, en que nuestra delicia de pasarnos como la pasábamos, se nos acabo. Y tuvimos que ir a la escuela... Se trataba de una escuela con comedor. Y nuestra estadía en la escuela duraba todo el día, entrábamos a las nueve de la mañana, y al mediodía, a las doce comíamos en el comedor de la escuela, a las cuatro de la tarde merendábamos, y a las cinco y media salíamos para regresarnos a casa. Esta escuela estaba en la planta baja en las casas de Paguey. Y teníamos de profesor a Don Jaime, no supe su apellido. Esta persona siempre fue reconocida y muy querida en Eibar. Esto de contar con comedor en la escuela tenía una gran importancia, pues debido a la época de guerra, la comida empezó a escasear en manera alarmante. Y el poder llevar algo a la mesa se convirtió en todo un reto. En casa gracias a Areta en parte y temporalmente pudimos resolver este problema, pero no en todo. No había jabón, tampoco aceite, se conseguía algo de aceite de coco, que sabia a jabón, pero no siempre. Había sémola, patatas de los caseríos, pan muy negro, malo y con moho. Había arroz y garbanzos. Por lo tanto el arroz con garbanzos era casi comida diaria, pero en muchas casas y casos se comía sin aceite ni manteca, y así con todo lo demás. Se cocinaba con carbón pero éste empezó a escasear, con la electricidad no se podía contar, pues fallaba continuamente. Tampoco se conseguían velas. Y así como con tantas y tantas cosas. Bajo la escuela había un refugio. En el comedor de la escuela el pan que nos daban eran chuscos o bolillotes y aunque integral eran riquísimos, el resto…
Oct 23 2008
El protagonismo de un perro ratonero. Mientras estábamos en Areta, cada vez que llegaban los aviones a Eibar para bombardear, con frecuencia se repetía una situación, bastante graciosa. Y todo era debido, a un perro pequeño, de raza conocida como ratonera y que tenía mi padre, primero lo tuvo en su taller y cuando nos fuimos a Areta nos lo llevamos con nosotros, y cuando mi padre se regresó a Eibar, nuevamente se lo llevó con él, primero lo tenía en su taller y debido a que las bombas caían cerca de su taller, se pasó a trabajar en casa y se llevó el perro a casa, y mi padre empezó a observar que el perro, sin más aviso, empezaba a ponerse nervioso y a gemir. Suponiendo que lo que quería era salir a la calle para hacer sus necesidades, le abría la puerta para que saliera y en cuanto veía la puerta abierta el perro salía disparado y desaparecía como por encanto. Una hora más tarde se regresaba contento y moviendo la cola. Después de que en varias ocasiones el perro hizo lo mismo, mi padre acabo dándose cuenta, que su salida del perro, tenía algo que ver con los bombardeos, pues al poco tiempo de que salía el perro, llegaban los aviones a bombardear. Estas observaciones de mi padre coincidieron, con las que nosotros por nuestra parte en Areta también veníamos observando que sucedían con la actitud del perro. Desde que mi padre se fue a Eibar, nos dábamos cuenta el que antes de que llegaran los aviones a bombardear a Eibar, primero llegaba el perro a Areta, y después llegaban los aviones. Este perro por lo que veíamos poseía un muy especial instinto que le avisaba con mucha antelación de cuando se acercaban los aviones rumbo a…
Oct 23 2008
Seguimos en Areta. (Sobre nuestro viaje al molino). Como resultaba que por causa de la guerra, algunos molinos quedaron en el lado rebelde y junto con los que estaban en nuestro lado, pero cerca del frente, la mayoría habían dejado de trabajar, era por lo que resultaba no sólo muy difícil sino incluso muy peligroso conseguir que algún molino moliera trigo o maíz y ésto causaba un desabasto de harina que empezaba a ser preocupante. En el caserío apenas quedaba harina, ni de trigo ni de maíz. Así que llegó un día, precisamente la víspera de Navidad, el 23 de diciembre de 1936, en que Marcelino comentando lo que ya sabíamos, que sólo había harina para apenas una semana, pero que tenía conocimiento de un molino que aún trabajaba, pero que resultaba, que este molino, estaba cerca de Vergara, en un lugar entre dos cerros, y que en uno de ellos, estaban atrincheradas las fuerzas rebeldes, y en el otro cerro, las tropas leales a la República. Y la distancia que existía entre un cerro y el otro era de apenas unos trescientos metros aproximadamente, con un río que pasaba por el fondo de una cañada profunda y allí en medio y a caballo sobre el río, estaba el mencionado molino. Decía Marcelino, que quien le había dado la noticia también le había indicado el camino que podía seguirse, un camino muy poco transitado por el que, con ciertas precauciones, podía evitarse cualquier contratiempo tanto con los de un lado como con los del otro. En un principio se daba por asentado el que Marcelino en compañía de su hijo Andrés harían el viaje al molino. Pero esa misma noche, en gran reunión, y después de mucho hablar, en que se estuvo sopesando las posibilidades de ir al molino, pero…
Oct 23 2008
En el caserío Areta. (sobre la fuga de unos prisioneros y con el “fusilamiento” de Marcelino) Cierto día nos amanecimos con una gran algarada, oímos voces alteradas y disparos de arma ligera. Salimos disparados de casa para indagar la causa del ruido, y justo en ese momento vimos que por delante del caserío y para abajo, pasaron dos personas jóvenes, como diría mi madre, corriendo como alma que lleva el diablo. No se si dije, que el caserío estaba situado en medio de una ladera de muy grande pendiente. Por lo que estas dos personas, que venían siendo perseguidas, venían de la cima de la montaña, corriendo ladera abajo, desapareciendo de inmediato de la vista. A los pocos segundos llegaron por el mismo camino, asimismo corriendo ladera abajo, varios milicianos armados con armas ligeras, a pregunta nuestra nos informaron, que los fugados eran dos prisioneros y que eran de un caserío cercano, que los tenían en custodia por intento de deserción, para ser entregados a las autoridades militares. Y que no sabían como, pero que se habían salido del encierro, suponían que alguien les había ayudado, pero que los habían sorprendido justo al momento de fugarse ladera abajo. Y que los venían persiguiendo. Después supimos de cual era la versión real. Que estos dos fugados, ambos hermanos estando trabajando en Nabarra en una obra publica, cuando la rebelion franquista, se vieron orillados a ingresar en un tercio de requetés, por lo que en ese momento, eran combatientes por el lado rebelde, y como estaban atrincherados en una posición cercana al caserío de donde eran, se les hizo fácil pasarse al lado leal, para visitar a sus padres, y así lo hicieron en varias ocasiones, pero esta última vez con tan mala fortuna, que al regresar a sus filas, fueron sorprendidos…

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con la escritura número 65 702.


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