Oct 23 2008
De cuando aquí en México DF fuimos victimas inermes de un asalto. (Ésto que voy a referir nos sucedió aquí en México). El día 4 de enero de 1998, domingo, acordamos nosotros, Dora, Jaione, Nerea con Andoni y yo, juntos con Laurita y su esposo Vicente Trejo, en una especie de celebración por Año Nuevo ir a comer al restaurante Gernika, en la calle Mariano Escobedo y frente al Club Deportivo Chapultepec. El propietario de este restaurant es un ex-pelotari de nombre Iñaki Soraluce (Sor-Alicia). Nacido en Ermua. Iñaki y nosotros somos muy amigos. Hace muchos años que nos conocemos. La especialidad en cocina de este restaurante es la comida vasca. Y lo cumplen con bastante acierto. Nos habíamos citado a las dos de la tarde, pero como siempre, fue hasta las tres y media que pudimos por fin reunirnos. Mientras esperábamos aprovechamos el tiempo de espera para tomarnos algunos aperitivos (botanas): txistorra, morcilla, jamón serrano, etc. etc. bien bañados con tequila, así que para cuando nos reunimos todos, y el que los recién llegados trataran de alcanzarnos a nuestro nivel, pasó otro rato, y ya con todos muy animados, por fin nos decidimos a hacer el pedido de la comida. Dada la hora , había pocas mesas ocupadas. Yo creo que serían una seis mesas en total. Ya nos sirvieron y comenzamos la comida, vino va y vino viene, todos muy animados y ya en los postres y en el café, a eso de las cinco y media entraron en el restaurant dos muchachos de unos diecinueve y veinte años. Yo los ví entrar y oí que decían ¡todos quietos! ¡esto es un asalto! y ¡el que se mueva o haga algún movimiento sospechoso se muere! Al mismo tiempo que uno de ellos sacaba de entre sus ropas una…
Oct 23 2008
Nuevamente en pos del trabajo. Y nuevamente en casa, y nuevamente a buscar trabajo. Pero esta vez conté con mejor fortuna. Me empleé en una compañía donde me desempeñé como delineante en la sección técnica. Al menos, cabía la posibilidad de no estar siempre mugroso. Aunque en el aspecto económico y de trabajo no hubo mucha compresión. En esta compañía trabajé por dos años. Al cabo de ellos, por un profesor de la Escuela de Armería, Don Eduardo Lizundia, de quien guardo un afectivo y agradecido recuerdo, supe de una solicitud recibida en la Escuela de Armería en la que una dependencia oficial solicitaba personal técnico. Recomendado por el mencionado profesor, y por la Escuela de Armería ofrecí mis servicios, aceptado en principio, tuve que presentarme en Madrid. Luego de un examen de admisión a nivel práctico y que duró casi un mes, fui aceptado. Y me encontré con que los ofertantes, de casi cien anteriores a mi, luego de un primer filtro quedaron reducidos a unos cincuenta, luego de un segundo filtro, quedaron reducidos a veinticinco candidatos, y ésta fue la plantilla de aceptados para trabajar. Yo me presenté en Madrid en este mismo momento. Por las recomendaciones con que la Escuela de Armería apoyó mi propuesta, quedé aceptado entre los veinticinco. Sujeto en lo personal a una prueba-examen de un mes de duración. Transcurrido el mes fui aceptado. Al convenir en el aspecto económico, me llevé una gran sorpresa pues su ofrecimiento, niveles salariales y prestaciones rebasaban por mucho mis más ambiciosas pretensiones. Claro que acepté y de inmediato para mí era como atinarle a los 14 resultados de una quiniela de fútbol. Y resultó que mi aceptación no me condenaba a una inmovilidad laboral. Me quedaban abiertas amplias y jugosas oportunidades, y quedé enterado de que cada…
Oct 23 2008
De cuando me tocó ir de soldado. Con la intención de evitar el que cuando fuera llamado a filas fuera destinado a África, previamente había solicitado el ingreso voluntario al Cuerpo de Aviación en Zaragoza. Así que en enero de 1947, portando el requerimiento recibido, me presenté en Zaragoza, en la Jefatura de Reclutamiento de Aviación. Y para mí, aquí empezó una nueva vida, lejos y sin el apoyo y la comprensión de "papá y mamá". Y a partir de ese momento me sentí como cucaracha fumigada, y bajo el dominio y el alcance de las botas guerreras de mis superiores. En el que el capitán era casi Dios y el sargento, un cabrón desertor del arado que nos traía a parir. Lo primero que tuvimos que aprender fue el que a nosotros, reclutas recién ingresados, pretendían el que como personas nos consideráramos menos que una colilla de cigarro, a quien podían pisar impunemente. Mi primer encontronazo con el entorno militar fue un desafortunado hocicazo que me di, a causa de que por un mal entendido, no me presenté donde debía, en el momento que debía, y ante quien debía. Y cuando al otro día me presenté en una oficina, ante el oficial de reclutamiento... me puso una regañada que para qué os cuento. Pues resultó que todos los reclutas que se presentaron de víspera, ya habían sido destinados y trasladados, a sus nuevos destinos. Quedaba yo sólo. Este energúmeno que me recibió en aquellas formas era un teniente chusquero, con más edad que una vieja cacatúa, y que cuando me presenté ante él, se puso frenético, a punto de congestión. Yo me espanté, pues creí que le iba a dar una apoplejía. Aunque la verdad fue, que en ese momento, era lo menos que podía desearle. Esa misma noche…
Oct 23 2008
Mi topetazo de cuando me salí a ganarme la vida Aquí en México, cuando en alguna reunión de amigos, en Gaztelupe normalmente, cuando hay gente, también amigos, invitados de Gaztelupe, con alguna frecuencia Arrillaga saca a colación de cuando yo estuve de soldado, y me presentan, dadas las circunstancias, como un bicho raro, para quien no hubo uniformes ni botas, y que cumplió el servicio militar en Gernika, presentándome a nivel de comentario jocoso, como "guardavías de aviación" por lo que me parece correcto comentar algo al respecto. Pero para llegar a lo que me propongo necesito retomar el asunto a partir de un tiempo anterior. Después de la Escuela de Armería. Creo que fue el año 1940 cuando ingresé en la Escuela de Armería, yo tenía trece años. Tres años más tarde nos recibimos como Técnicos Mecánicos. Los que terminamos nuestra especialidad con cierto nivel en las calificaciones, algo más elevado que el promedio, tuvimos la oportunidad de continuar con nuestros estudios para una Maestría en Mecánica de Precisión. Un año más tarde, terminé con la Maestría, y ya con 17 años, y supuestamente bien preparado y capacitado, y muy ilusionado, muy seguro de mí mismo, me dispuse a enfrentarme al mundo laboral. Y lo que siguió a este momento me resultó una experiencia muy traumática. Como muchos de nosotros, supuestamente por el hecho de ser egresados de la Escuela de Armería, y más en calidad de Maestría me sentía muy confiado en que se me facilitaría el encontrar un, más o menos, regular empleo. Suponíamos, y así nos lo remacharon hasta la saciedad, de que los egresados, de la Escuela de Armería recibiríamos, para complementar nuestros estudios con una posterior práctica y experiencia, especiales apoyos y consideraciones, por parte de la industria, sobre todo de la de la…
Oct 23 2008
Mi tío Gerardo y su aventura en el mar. En uno de estos barcos conocidos como “bous” y que había sido artillado con un sólo cañón de poco calibre, mi tío Gerardo, hermano de mi madre, y creo que con otros cinco o seis marinos más, que habían sido destinados para servicio en la guerra en misión de vigilancia de las costas. Y que precisamente estuvieron para reparaciones, fondeados en el puerto de Santander, hasta varios días antes de la toma de esta ciudad por las tropas rebeldes. Contaba que, no sé si una semana o más antes, y de madrugada, los habían ordenado que partieran de puerto para auxiliar a un barco en dificultades que pedía ayuda, y que acudieron varios barcos semejantes, para auxiliarlo. Pero que resultó, que ya en alta mar, y en el horizonte, vieron un barco enorme, que navegaba muy lento y con las luces apagadas, y que se movía casi paralelo a la costa, como observándolos y pendiente de lo que pasara. Pero decía mi tío, que como él y otro compañero del “bou” natural de Guetaria, habían cumplido juntos su servicio militar en la marina de guerra, como tripulantes del acorazado “Miguel de Cervantes y Saavedra” afirmaban que habían sido capacitados como vigías, para conocer e identificar a los barcos de la armada de guerra por sus siluetas y por las banderolas y códigos de identificación. Por lo que en este “bou”, la función de los dos, precisamente era la de ser vigías, relevándose por turnos, para identificar barcos que vieran, y como para esta función disponían de, dizque, de unos buenos prismáticos, que en un principio, por falta de visibilidad, y porque no notaban en el barco ninguna actitud amenazadora, habían creído, que el barco de marras, pudiera ser de bandera republicana,…
Oct 23 2008
1937. La tragedia de Santander. Coincidente con estas fechas de retirada ante las tropas rebeldes, se produjo una inesperada situación en Santander en la que fue escenario, esta última ciudad. Y que culminó en una gran tragedia. Es por lo que voy a ocupar un espacio en hacer un paréntesis y detenerme para mencionar lo que en tiempo de la guerra eran sólo rumores, prohibida su publicación, y que pasado varios años tuve oportunidad de enterarme sobre estos sucesos hasta en su más mínimo detalle. Y fue en la época en que cumplí con mi servicio militar obligatorio. Durante mi primer año que lo cumplí en Zaragoza, en el aeródromo militar de Sanjurjo, tuve dos compañeros santanderinos que fueron en primera mano testigos presenciales, y que dada la edad que tenían, en ese momento no pudieron captar los sucesos en su justo valor. Pero fue más tarde que escuchando a sus padres y a otras gentes que pudieron captar la realidad tal y como fue en momentos previos a la ocupación de Santander por las tropas rebeldes. En fechas previas a la ocupación de Santander por las fuerzas rebeldes, se produjo una situación terrible e inesperada, provocada por la afluencia de multitudes de refugiados procedentes de todas las provincias vascas y de Santander, que huyendo de las tropas rebeldes que los estaban alcanzando, llegaron a Santander y fueron concentrándose, la mayoría camino al puerto, y como para la situación de angustia y urgencia que los agobiaba no parecía haber solución, desesperados, los refugiados en gran número decidieron, ya cansados de tanto peregrinar y como última oportunidad, tratar de salir de Santander a como diera lugar, por las buenas o por las malas, por la única vía posible que veían, por mar. Antes de seguir, imagínense el espectáculo en Santander. Por…

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con la escritura número 65 702.


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