Dios es español PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Iñaki Egaña   
martes, 09 de marzo de 2010

Dios es español

 

Image

Iñaki Egaña

No soy muy ducho en vidas de santos y curas y
por ello, hasta que no topé con él gracias al
navarro Javier Mina, el libertador de México,
apenas si había reparado en su existencia. Lo
eché al cesto de personajes de interés pendiente
y, hace bien poco, en una conversación de café
con mi buen amigo Antxon Ezeiza, el nombre
surgió de nuevo. Su biografía es fascinante.
Y no me refiero a Mina, que todavía tiene
recorrido para investigar a pesar del excelente
trabajo de Guzmán, sino al que fue, en cierta época,
su compañero de conspiración: Fray Servando Teresa
de Mier, natural de Monterrey.

Fray Servando era un dominico tardío, entró
en el convento con 16 años, que protagonizó
uno de los mayores escándalos políticos que
jamás se hayan producido sobre la faz del reino

de España. Me resultó simpático desde el
principio. Hay que ser un osado para hacer
lo que hizo, en un escenario nada proclive,
por cierto. Creo que tuvo suerte y que, en
otras circunstancias, le hubieran segado el
gaznate.

La historia, en síntesis, fue la siguiente:
el 12 de diciembre de 1794 se celebraba el
263 aniversario de la aparición de la Virgen
de Guadalupe en la colonia de Nueva España.
Se reunieron, como era costumbre, obispos,
autoridades militares, empresarios y el virrey.
En la Insigne y Real Colegiata de Nuestra Señora
de Guadalupe. Fray Servando había preparado el
sermón de la misa correspondiente, en nada menos
que nueve hojas. Comenzó su alocución y lo que
en principio fue un rumor, finalmente se convirtió
en un clamor. En una gran estruendo. El dominico
apuntaba que sólo había una posibilidad. O que
Dios fuera español o que la aparición mariana
de Guadalupe fuera una gran farsa.

¿Por qué? Porque siendo tan extensa la historia
precisamente la Virgen había esperado a la conquista
española para aparecerse a unos indios analfabetos,
pudiéndolo haber hecho quinientos, mil o dos mil
años antes. Un argumento casi irrefutable. Porque
los indios “no pudieron decir Santa María de
Guadalupe, ya que su idioma carece de g y d y
así mandándole a un puro mexicano que repita de
Guadalupe pronuncia tequatalupe”. En fin, fábulas,
mentiras y bulos fabricados por la corona española.
Su tesis. A no ser que, sin descartarlo, Dios,
autor de los movimientos de sus marionetas, fuera
genuinamente español.

La reacción española fue la esperada. Fray Servando
fue detenido y enviado preso a Santander. El arzobispo
le prohibió a perpetuidad el ejercicio de la enseñanza,
la enunciación de sermones o la realización de confesiones.
Escapó cuando era reubicado en Burgos y a partir de ese
incidente, su vida comenzó a tomar una notoriedad vertiginosa.
En Londres conoció a Javier Mina y juntos conspiraron para
la independencia de México. En París compartió intelecto
con Chateaubriand. Fue perseguido en medio mundo, siempre
por españoles, que sistemáticamente le enviaban a prisión.
También debió de ser un escurridizo prisionero porque logró
escapar, que yo haya recogido, hasta siete veces de las
terribles mazmorras hispanas.

A quien tenga un poco de curiosidad le animo a zambullirse
en la vida de este fraile, que nunca renunció a su sotana,
y que planteó aquella eterna pregunta: ¿Por qué Dios esperó
tanto tiempo a mostrarse en México? Para Servando la
respuesta parecía sencilla, porque era español y hasta
que Cortés no llegó con sus tropas no había lugar a
semejantes andanzas.

Viene esta reflexión con los desembarcos ruidosos de
los últimos años de la iglesia ultramontana en nuestro
país. No soy religioso, en el sentido divino aunque sí
en el de lo sagrado, y no sigo el tema de cerca. Pero
el estruendo es tan notorio que no lo puedo dejar pasar.
Y esta introversión me llega, precisamente, tras la
muerte de un atípico cura como fue Jesús Lezaun. Muy
cercano, a pesar de lo divino.

El arzobispo Fernando Sebastián y el obispo José Ignacio
Munilla han logrado condensar en sus espaldas un nuevo
episodio de que en nuestra tierra, como en espacios
políticos, la historia, en este caso la española,
comenzó ayer. Lo anterior no existe. Y puesto que
estamos anunciando religión y fe, añadir que, como
dejó traslucir Fray Servando, Dios es, a pesar de la
diversidad y multiplicidad, inequívocamente español.

Efectivamente. Antes de Munilla, por lo que nos toca
en el tiempo, ha sido el caos. El separatismo, el éxodo
de la casa matriz madrileña. Con Munilla, la iglesia y
por extensión Dios el presidente de su Consejo de
Administración, vuelven a ser españoles, de pura cepa.
Y para que nadie se llame a engaño, porque somos leídos
e instruidos, sepan que el Dios español es tremendamente
agresivo, violento y amigo de la espada.

Hace cuatro días, como quien dice, santificaron un
golpe militar y luego avalaron el holocausto. Hace
ocho, más o menos, cercenaron civilizaciones y enviaron
al infierno a millones de paganos e infieles. Hace más
tiempo afortunadamente, España todavía no existía y Dios,
probablemente, andaba un poco más despistado, trajinando
aquí y allá en cubrir escisiones y organizar cruzadas.
Munilla y Sebastián son peones de ese Dios español que,
desde Santiago decapitando infieles hasta los Reyes
Católicos, exterminando heréticos, han llenado la
Península de un hedor inequívoco a carne quemada.
Huele a chamusquina hoy, expresión que proviene de
la quema de libros por la Inquisición, en el siglo
XXI. Y que Dios sea español, les advierto, no augura
nada favorable.

http://www.euskaldunak.info/memoria/

Modificado el ( martes, 09 de marzo de 2010 )
 
< Anterior   Siguiente >

Sitio desarrollado por Pixelmind Agency