Domingo, 19 Octubre 2008 12:47

Serafín Aedo Inolvidable jugador de la selección vasca

Escrito por Pablo de Iboa
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Serafín Aedo, inolvidable jugador de la Selección Vasca


Por Pablo de Iboa

Cada cierto tiempo y sobre todo en diciembre, suele hablarse de la Selección Vasca de Fútbol. En Madrid la llaman Combinado. Este año ha habido polémica ya que ESAIT ha acusado a la Federación de no mover suficientemente el tema. No me meto en eso. Solo quiero recordar aquí que ya existió una auténtica Selección Vasca que debería tener en Lezama, en Zubieta o en Anoeta, o en San Mamés algún tipo de reconocimiento.

Jugadores de aquella Selección del Gobierno Vasco presidido por el Lehendakari Aguirre, que fue jugador del Athletic, fueron gentes muy valiosas que de no haber sido por la guerra hubieran triunfado en el fútbol. Uno de ellos es Serafín Aedo que vivió exiliado en México muchos años.

Para hablar de aquella iniciativa saco a colación una entrevista que le hicieron en 1964. Decía así:

Lo que una guerra puede influir en los destinos humanos nunca puede preverse. La Guerra Civil, cruenta y despiadada como toda lucha, fue causa de la creación de uno de los más formidables equipos de fútbol que ha habido: la célebre Selección Vasca.
Con acento conmovido, llevando prendida en cada palabra la emoción que le produce el recuerdo de aquella odisea, Serafín Aedo nos ha relatado los hechos tal como, fueron, sin omitir detalle sobre el dramático éxodo de aquel grupo de formidables jugadores, que abandonaron patria y hogar para lanzarse a las canchas del mundo, cuando sus propias canchas estaban vacías de los hombres que la conflagración se había llevado.

La guerra no fue menos ingrata para los que hicieron la larga excursión, que para los que permanecieron en el escenario mismo de los sangrientos sucesos. Porque dejar la propia tierra, con todo lo que ella encierra de cariños y raíces, es como arrancarse un pedazo del propio ser.

UN PERSONAJE

Serafín Aedo, vasco de pura cepa, formó parte de aquel fabuloso equipo. Fue uno de sus miembros más distinguidos. Su historia en el fútbol está llena de acontecimientos. Pero en su anecdotario no hay nada que se iguale, en dramatismo y en emotividad, a aquel peregrinaje de la Selección Vasca.

Nació Serafín Aedo en Barakaldo, en Bizkaia. Le tocó vivir su juventud en una época turbulenta y apasionada. La gente dividía sus inquietudes entre el fútbol y los negros presagios de la futura contienda.

Sus" primicias futbolísticas las realizó en el equipo de barrio. Pronto demostró que poseía facilidad y fue llamado por el modesto conjunto Unión de San Vicente, que dentro de la organización deportiva pertenecía a la Serie C, de jugadores ya federados de Euzkadi.
En ese equipo tuvo de compañero a Chavo Urquiaga, famoso portero ampliamente conocido en México.

Cuando el Unión de San Vicente obtuvo el campeonato de su grupo, ascendió a la Serie C Preferente. En constante progreso, Aedo pasó después al equipo de Barakaldo que tomaba parte en el campeonato vizcaíno.

En 1934, fue adquirido por el Betis de Sevilla, de la Primera División Española, con el que fue campeón de la península. El adolescente se había convertido en un mocetón fuerte, típico representante del fútbol vasco.

Cubriendo el puesto de defensa izquierdo, había pocos como el impetuoso, lo arrasaba todo. Era una fuerza de la naturaleza. Pero el tiempo, el conocimiento del deporte obraron una mutación en el jugador. Adquirió serenidad, con lo que su esfuerzo encontró mejor y más fructífera aplicación.

El reconocimiento, a sus dotes excepcionales y a su clase le abrió las puertas de los grandes equipos. Dos veces reforzó al Barcelona y al Real Madrid, en eventos amistosos. Y los catalanes habían decidido agregarlo a su elenco estelar; cuando el fuego bélico abrasó al país

EL GRAN VIIAJE

El País Vasco abrigaba ideas de libertad. Las cuatro regiones (Navarra, Gipuzkoa, Araba y Bizkaia) eran un hervidero de anhelos nacionalistas. La palabra Euzkadi, con la que los vascos nombraban a la patria, iba de boca en boca. Y el estruendo de cañones se escuchó en Barakaldo, al mismo tiempo que en todo el frente norte de la guerra fratricida.

En aquellos momentos de incertidumbre y de pesares, el gobierno vasco quiso -en un alarde de hidalguía ante el mundo—enviar a un grupo escogido de sus mejores futbolistas, para que llevaran al extranjero un, mensaje de dignidad. Así nació la Selección Vasca integrada exclusivamente por jugadores vascos, los cuales estaban en receso desde la terminación del último campeonato, antes del comienzo de la guerra.

Todas las salidas al extranjero estaban cerradas. Pero el gobierno vasco solucionó el problema enviando a los jugadores en un avión de su pertenencia. Así comenzó el gran viaje, del que algunos jamás regresarían a la patria dolorida.

¡DE FRANCIA A RUSIA!

El avión dejó a los muchachos vascos en Biarritz, allende la frontera. De ahí en adelante recorrerían Europa en ferrocarril y cruzarían el Atlántico en buque de pasajeros. El espíritu del grupo era incomparable. A pesar: del malestar moral que suponía dejar en él tiempo y en el espacio un pedazo de sus propias vidas, la juventud de todos ellos, los impelía a tomar la aventura con optimismo.

Muy pronto, el mundo deportivo escucharía, llevadas en alas de la leyenda, las proezas de aquel formidable equipo de fútbol, considerado como el mejor de su época. En París se enfrentaron al Racing, en el Parque de los Príncipes. Ése fue el primero de una larga serie de triunfos por las canchas de toda Europa. Después salieron victoriosos en Tolosa, en Marsella, en Tolón, en Praga (frente a la Selección Checoslovaca), Varsovia y ¡Moscú!
Para Serafín Aedo, como para la mayoría de los integrantes de la Selección Vasca, jugar en Rusia fue todo un acontecimiento.

Quizá él más importante e interesante en su vida de deportista Por muchas razones:
- Antes de decidir si íbamos a Moscú, lo pensamos mucho. ¡Tanto nos habían contado de los ruso, que temíamos que algo fuera a pasar!-, como decía Aedo.

- Pero fue todo lo contrario. Nos llenaron de atenciones. Nos trataron como a príncipes. Y el público ruso me pareció entonces, uno de los más cordiales del mundo.

SENSACIÓN EN MOSCÚ

En el capítulo XVIII de su libro “Por esas canchas de fútbol”, de Andrei Starostin que fue destacado jugador y que estuvo en México como directivo de la Selección de MOSCÚ, se hace una minuciosa y amena referencia a la visita de la Selección Vasca a Moscú. Hemos querido reproducir algunos párrafos (en los que es fácil adivinar la tendencia política que rodeó el viaje de los vascos hasta el gran país eslavo), porque en ellos se pinta vívidamente la sensación que causó el conjunto en la capital de Rusia.

"Hacía más de un año que no se veía a los futbolistas peninsulares en los estadios de Europa. La intervención fascista había alterado la vida pacífica. Muchos de sus jugadores defendían con las armas en la mano las libertades democráticas contra la barbarie fascista. Como acostumbra a decirse: cuando truenan los cañones, enmudecen las musas.

El fútbol vasco constituía el mejor modelo del llamado estilo latino de Occidente. La agilidad, rapidez y elevada maestría técnica y la compaginación del juego individual con el del conjunto, proporcionaban al balompié vasco una belleza 'cautivadora', según opinión de algunos periódicos.

En la historia del fútbol vasco se habían registrado victorias sobre casi todos los países de Europa. Estos habían vencido a los de Austria y Francia. Checoslovaquia y Hungría, Suecia, Italia y Alemania.

Fue sobre todo magnífica la victoria alcanzada en 1929 por el equipo, sobre la selección de clubes profesionales de Inglaterra, que hasta entonces nunca había sido derrotada en Europa. Ganaron aquel encuentro a los 'invencibles' británicos.

En esta ocasión, después de un año de intervalo, un equipo formado por jugadores vascos hizo su aparición en los campos de Europa. Celebraron su primer partido en París, contra el Racing —nuestro peligroso contrincante en tiempos muy recientes—, derrotándolo por 3 a 0. Los galos no pudieron anotar ni el gol del honor. A continuación Praga y Varsovia. Todos los rivales fueron vencidos.

En la tarde del 16 de junio de 1937 llegaron los futbolistas vascos a Moscú procedentes de Varsovia. Se hacía imposible atravesar el gentío que abarrotaba la plaza de la estación y acercarse a los mismos, a los que arrojaban tantas flores que parecía que fueran a quedar sepultados en ellas".

Los vascos sostuvieron nueve juegos en Rusia. Ganaron 7, perdieron uno y empataron el restante.
Y seguirían triunfando en Finlandia, en Suecia, en Noruega, en Dinamarca y en Inglaterra. Regresaren a París para planear el viaje a América. El 4 de noviembre estaban en México.

Aquí terminó la odisea. La Selección Vasca se convirtió en el Euzkadi. Y después definida la situación política de todos sus elementos, se disolvió. Se desperdigaron los jugadores, aunque la mayoría se quedaron aquí.

Serafín Aedo pasó a las filas del "España". Y en 1934 marchó a Argentina contratado por el River Píate. El célebre club ríoplatense tenía el mejor elenco de su historia: Blasco Besuso (internacional uruguayo), Cilaurren, Mineile. Y en la delantera estaban los geniales Moreno La Bruna y Pedernera, en pleno apogeo. ¡Junto a ellos jugó Serafín Aedo, haciendo un magnífico papel!

- Pero el argentino es gente de difícil trato. Y a pesar de los encantos de Buenos Aires- ¡bellísima ciudad!-, no pude soportar mucho tiempo- dice Aedo.

Volvió a México y al “España”. Se retiró en 1949.

Niñez y juventud incierta en Barakaldo; aventura triunfal por todo el mundo; paz y quietud en México. Una vida colmada de acontecimientos, emociones, miserias y grandezas, enlazadas en un destino humano.

Vuelvo a recordar.

La actual Selección Vasca debería recordar a la histórica y en San Mamés, Mendizorroza y Anoeta deberían tejer un recuerdo.

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