Miércoles, 25 Febrero 2009 08:34

Euskadi es país para viejos

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Euskadi es país para viejos


La natalidad vasca continúa la trayectoria ascendente iniciada en el año
2000, pero las previsiones indican que la tasa actual de 1,2 hijos por mujer
no es suficiente para equilibrar la balanza demográfica de una sociedad
envejecida


Fuente: Diario de Guipuzkoa


Una cuadrilla de aitonas con txapela reunidos en una plaza.

L A Comunidad Autónoma Vasca (CAV) está despertando del largo invierno
demográfico en el que ha permanecido estancada en las últimas décadas y
comienza a salir de los puestos de descenso de la liga de la natalidad
europea. En los próximos diez años "se recuperará la fecundidad y ascenderá
el número de nacimientos", aseguran las proyecciones del Eustat, el
Instituto Vasco de Estadística.

Sin embargo, el fantasma de una sociedad envejecida, de una comunidad
ahogada por las necesidades sociales de los mayores y de un sistema de
pensiones en riesgo sigue planeando sobre muchas txapelas. Especialmente, si
a ello se une una incierta época de crisis en la que más natalidad se

relaciona también con un aumento de la carga social de la población inactiva
(niños y ancianos) sobre la activa. Y es que, según el Eustat, casi un 40%
de los vascos de 2015 serán jubilados (21,3%) o menores de 20 años (18,4%).
El otro 60%, deberá dedicar su vida y sus impuestos a mantenerlos.

El problema viene de lejos. La caída de la fecundidad y, con ella, el germen
de la merma poblacional, se inició en los años 70 con la incorporación
masiva de la mujer al mercado laboral. Pero la ocupación femenina no es
excusa para un problema que afecta a casi todo el viejo continente y que
muchos países están logrando superar. De hecho, de acuerdo con el estudio El
futuro demográfico de Europa, elaborado por expertos del prestigioso Berlin
Institute, las regiones con mayores tasas de fecundidad son también aquellas
con los niveles más altos de educación y empleo femenino, siempre y cuando
cuenten con sólidas políticas públicas de respaldo a la familia.

Lo cierto es que algunos países están logrando equilibrar la balanza y
acercarse al ideal de 2,1 vástagos por hembra, el necesario, según los
expertos, para mantener estable la población. El Estado francés, campeón
indiscutible con más de dos hijos por mujer, e Irlanda, Suecia, Finlandia y
Dinamarca, que sobrepasan los 1,7 niños por madre, tienen el nivel que
garantiza el relevo generacional si se nutre de una tasa de inmigración
moderada.

la crisis y el empleo

Madres a partir de los 30

Euskadi, por su parte, sigue muy por debajo de la media pero está logrando
vencer la apatía fértil que ha dominado en las últimas décadas a las vascas,
que llegaron en 1994 a marcar el mínimo histórico de Europa con 0,9 hijos
por mujer y que, tras iniciar una senda ascendente en 2000, han llegado a
los 1,26 niños por fémina, según datos de 2007 del Eustat. El apoyo público
que se presta a madres y padres, no obstante, dista mucho de ser suficiente.

Y es que, a los problemas económicos, la carestía de la vivienda y el
retraso en la emancipación del hogar paterno hay que sumar las dificultades
para conciliar la vida laboral y la familiar. Todo ello son factores que
retrasan la edad de preñez y hacen que las vascas esperen hasta los 31,3
años para parir por primera vez, lo que reduce el número de madres con más
de un embarazo.

La federación de familias numerosas de Euskadi Hirukide, que representa a
los 20.000 hogares vascos en los que la descendencia supera los dos hijos,
coincide con sociólogos expertos en advertir de la urgencia de un profundo
cambio cultural.

tener o no tener

Incentivos económicos

Este colectivo subraya la necesidad de políticas públicas que protejan a las
madres y de un compromiso por parte de las empresas para facilitar que sus
trabajadores puedan atender sus responsabilidades domésticas.

El Estado español estableció en la pasada legislatura el conocido cheque
bebé , de 2.500 euros, como medida de fomento de la natalidad. Unido este
incentivo a otras subvenciones, la cantidad que el Gobierno central destina
a políticas familiares, incluidas prestaciones sociales por hijos y para
guarderías, se sitúa en 134 euros al año por persona. Esta cifra, pese a
todo, debería multiplicarse por tres sólo para llegar a la media europea y
está a años luz, por ejemplo, de los 2.300 euros anuales que se perciben en
países como Luxemburgo. El Gobierno de Madrid, además, limita a 16 semanas
el permiso por baja maternal, lo que lo sitúa en el octavo lugar en el
ranking del continente. Tampoco hay medidas para facilitar la incorporación
de la mujer al trabajo tras el parto, ni para compatibilizar la vida laboral
con la familiar.

Para hacer frente a estas diferencias, tener descendencia es una de las
principales desgravaciones en el IRPF en la CAV y los hogares reciben por
cada pequeño una ayuda del Gobierno Vasco de entre 400 y 900 euros. El
Parlamento Vasco, además, aprobó recientemente una Ley de Apoyo a las
Familias con 1.700 millones de euros en incentivos.

el futuro inmediato

Inmigrantes que equilibran

Pese a las trabas que la sociedad pone en el camino de las madres, en el año
2000 comenzó un despegue de la natalidad en Euskadi que se debió,
fundamentalmente, a que a finales de los 90 un gran número de ciudadanas
alcanzaron la edad fértil, las pertenecientes a la generación del baby boom
, pero también a la llegada de personas extranjeras.

El saldo migratorio positivo y la tendencia ascendente de los embarazos se
traducirán, según los pronósticos del Eustat, en un tímido aumento de la
población. Así, las prospecciones indican que la CAV contará en 2015 con
2.194.900 habitantes, unos 40.000 más que ahora.

Sin embargo, el proceso de envejecimiento de la sociedad vasca sigue
imparable. Es cierto que la población menor de 20 años, que representaba un
17,4% del total en 2000, ha iniciado una senda ascendente que hace prever
una subida de un punto para 2015, lo que se traducirá en 47.700 jóvenes y
niños más. Pero, aunque positiva, esta evolución no es suficiente para
contrarrestar el muy notable incremento de los mayores de 65 años, que se
estima en 101.000 ciudadanos más en un lustro, lo que implica un plus de su
peso demográfico, que pasará de un 17,6% en 2000 a un 21,3% en 2015.

Otra positiva conquista social, el alargamiento de la esperanza de vida
hasta más allá de los 85 años, puede tener también su contrapartida
negativa, ya que se calcula que esta franja de edad pasará a representar un
16,5% del total de habitantes, casi siete puntos más que ahora, con las
cargas que ello implica.

Frente a estas espectaculares subidas, los vascos en edad de trabajar (20 a
64 años) disminuirán unos cinco puntos porcentuales hasta situarse en el 60%
de la población. El descenso de la población activa implica una mayor carga
para las generaciones intermedias y un importante reto para el estado de
bienestar de los vascos.


 

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