Viernes, 24 Julio 2009 06:18

Oma 'El Bosque pintado' se hace oír con tecnología punta

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Nuevos accesos, visitas programadas, audioguías con MP3 y,
 para personas sordas, signoguías. La Diputación pone en
marcha un plan para hacer de 'El Bosque pintado' de
Agustín Ibarrola, en el valle de Oma, un espacio
todavía más atractivo.
EL bosque no siempre suena a viento, lluvia y crujido
de hojas bajo las suelas de los zapatos. Algunas veces,
si se presta atención, se percibe una voz engolada que

seduce de cerca con armas de lamia. No es magia ni un
susurro encantado. Es producto de la última tecnología.

Las audioguías, que han revolucionado la forma de visitar
los museos, conquistan el valle de Oma, en Urdaibai, donde
Agustín Ibarrola creó su bosque pintado entre tupidos
encinares cantábricos, arroyos, caseríos, molinos,
ermitas y ferrerías de origen medieval.

La estampa de una pinacoteca común, donde los visitantes
llevan pegada a la oreja un gran teléfono de color negro,
está muy lejos de parecerse a lo que podrá verse en Oma,
puesto que Diputación ha puesto en marcha ésta y otras
propuestas con tecnología punta.

El itinerario marcado en el valle, de 7,4 kilómetros
(dos horas de paseo aproximadamente), podrá seguirse
a través de MP3 con auriculares. La ruta comienza junto
al restaurante Lezika en el barrio de Basondo, desde
donde a través de una pista de grava se llega a
El Bosque de Oma. "Antes era un terreno de difícil
acceso -mostró ayer Josune Ariztondo, diputada de
Cultura, in situ-, pero ahora está preparado para
que la gente pueda disfrutar de la obra de Ibarrola
de una manera cercana y real".

Un mapa recién diseñado indica cada uno de los 47
puntos donde el visitante puede detenerse para escuchar
las explicaciones ofrecidas por la audioguía sobre
la obra de Ibarrola.

Primer punto. Invitación al beso. Dos árboles unidos
por la imaginación y la pintura roja. Un labio partido
por un espacio de aire. La obra de este pintor invita
a observar desde distintos ángulos. La audioguía es
una propuesta para entender algunos aspectos quizá
desconocidos para el visitante, como el afán de crear
formas bidimensionales en un espacio tridimensional,
o como esos ojos pintados en mitad del bosque que
remiten a los primeros pobladores de las cuevas de
Santimamiñe.

No caben dudas. 47 flechas amarillas pintadas en el
suelo marcan el punto desde donde debe mirarse para
entender la explicación que se ofrece a través de
los MP3, que pueden adquirirse en la caseta de
información de Santimamiñe, o bien descargar su
contenido, que estará disponible en las próximas
semanas en la Web de Diputación (http://
www.bizkaia.net).

Aunque el paseo por el bosque no está acondicionado para
la visita con sillas de ruedas o carros de bebé, exige
un esfuerzo moderado. Enseguida se llega al punto seis.
El rayo atrapado, el rayo roto.

PARA NO PERDERSE

Una nueva forma de ver Oma

En este caso, la explicación no nos la da la audioguía,
sino Ainara y Maider, dos jóvenes apasionadas por el
arte que a partir de hoy ofrecerán visitas guiadas
de miércoles a domingo a las 11.30 y a las 17.00 horas.
"Para concertar la visita es imprescindible realizar
la reserva", advierten indicando un número de teléfono
(94 465 16 57) y una dirección de correo electrónico
(
Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.).

El autor, que pasaba mucho tiempo en el bosque, observó,
un día de tormenta, cómo un rayo atravesaba los troncos
de los árboles. "Por eso decidió trazar una línea
bidimensional de color blanco que recorre varios
de ellos creando diferentes perspectivas y jugando
con la profundidad", explican.

Antes, los visitantes se movían por el bosque sin
referencias. Con esta campaña, la Diputación incluye,
además de las visitas, la habilitación de un paseo
peatonal y la colocación de una nueva señalización,
con lo que Agustín Ibarrola ve cumplido su deseo de
ver atendida su obra. "Antes venía al bosque y sólo
veía lo que le faltaba", explica Naiel Ibarrola, uno
de sus dos nietos, que ayer estuvo junto a su hermano
Martín en la presentación de este proyecto.

El pintor basauritarra comenzó su intervención en el
bosque de Oma en 1982, y la finalizó en 2000 con algunos
últimos retoques. Actualmente está formada por unos
600 ejemplares de pino de Monterrey (pinus radiata)
que son el soporte de unas 21 obras, propiedad de
la Diputación Foral desde 1989.

"Esto era un sencillo pinar que, como otros tantos,
seguramente estaba destinado a pasta de papel",
describió ayer Ariztondo sobre el terreno. "Sin embargo,
ha conseguido convertirse en un escenario que
esconde tantos personajes, formas y colores como
el visitante quiera ver".

La niña rosa. El fuego rupestre. El círculo.
Ritmo verdoso del minimal. Cuadrados en recuerdo
al pintor Malévich. Los títulos sugieren pero no
limitan. "Valoramos la libertad creadora e
imaginación de Ibarrola", expresó ayer Ariztondo.
"La Diputación ha querido dar un paso significativo
para que las personas que llegan hasta aquí
reconozcan la importancia creativa de este
artista. Hemos querido reivindicar este espacio
cultural más allá de coyunturas sociales,
políticas e ideológicas", concluyó.

Quienes quieran escuchar el significado profundo
de estas obras, podrán hacerlo, también a través
de signoguías.

SIGNOGUÍAS

Información para todos

Las signoguías, que pueden solicitarse en la
caseta de información de Santimamiñe al igual
que las audioguías, están especialmente diseñadas
para personas sordas. A través de un PSP puede
verse un vídeo grabado en el que una persona
explica las obras mediante el lenguaje de señas.
"Quien aparece en el vídeo es una persona sorda
y no una intérprete porque así es más fácil
sentirse identificado", explican desde Diputación.

Intentan así eliminar barreras, que todos puedan
disfrutar de un conjunto creado bajo la influencia
de la corriente creativa Land art, que surgió a
finales de los años 70 y que utiliza la naturaleza
como marco, soporte y materia prima para el artista.
Una corriente que vuelve a tomar fuerza en Euskadi
y cuyo legado trata de preservarse en lugares como
Oma. Aunque para ello sea necesario llamar a
una lamia que seduzca a los visitantes.

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