Jueves, 23 Octubre 2008 10:18

Cap XIX Nuevamente en pos del trabajo.

Escrito por Felix Arrieta Etxeberria
Valora este artículo
(0 votos)

Nuevamente en pos del trabajo.


Y nuevamente en casa, y nuevamente a buscar trabajo. Pero esta vez conté con mejor fortuna. Me empleé en una compañía donde me desempeñé como delineante en la sección técnica. Al menos, cabía la posibilidad de no estar siempre mugroso. Aunque en el aspecto económico y de trabajo no hubo mucha compresión.
En esta compañía trabajé por dos años. Al cabo de ellos, por un profesor de la Escuela de Armería, Don Eduardo Lizundia, de quien guardo un afectivo y agradecido recuerdo, supe de una solicitud recibida en la Escuela de Armería en la que una dependencia oficial solicitaba personal técnico.


Recomendado por el mencionado profesor, y por la Escuela de Armería ofrecí mis servicios, aceptado en principio, tuve que presentarme en Madrid. Luego de un examen de admisión a nivel práctico y que duró casi un mes, fui aceptado. Y me encontré con que los ofertantes, de casi cien anteriores a mi, luego de un primer filtro quedaron reducidos a unos cincuenta, luego de un segundo filtro, quedaron reducidos a veinticinco candidatos, y ésta fue la plantilla de aceptados para trabajar. Yo me presenté en Madrid en este mismo momento. Por las recomendaciones con que la Escuela de Armería apoyó mi propuesta, quedé aceptado entre los veinticinco. Sujeto en lo personal a una prueba-examen de un mes de duración.

 Transcurrido el mes fui aceptado. Al convenir en el aspecto económico, me llevé una gran sorpresa pues su ofrecimiento, niveles salariales y prestaciones rebasaban por mucho mis más ambiciosas pretensiones. Claro que acepté y de inmediato para mí era como atinarle a los 14 resultados de una quiniela de fútbol. Y resultó que mi aceptación no me condenaba a una inmovilidad laboral. Me quedaban abiertas amplias y jugosas oportunidades, y quedé enterado de que cada tres meses se evaluaría a cada quién en su trabajo. Los que aprobaran, luego del primer trimestre continuarían, y los que reprobaran, o se quedaban para otra oportunidad o en caso de inconformidad tendrían que regresarse a su casa. Entre los que fueran aceptados, algunos, los de mejor desempeño, serían promovidos, pudiendo ascender a Proyectista de Segunda. Otros tres meses más y nueva evaluación, y los aceptados pasarían a Proyectista de Primera. Y entre estos Proyectistas de Primera, luego de una última evaluación que duraría seis meses, saldría escogido un Jefe de Proyectistas. Pues bien, a la final sólo fuimos tres los candidatos. Pero resultó el que al final del primer año de trabajar en este centro, fui yo el único promovido a Jefe de Proyectistas.

El centro donde laboré en Madrid era conocido como CETME (Centro de Estudios Técnicos de Materiales Especiales). Este nombre ocultaba su verdadera función. Pertenecía al grupo del INI (Instituto Nacional de Industria). Administrativa y técnicamente estaba bajo la dirección y control del Cuerpo de Ingenieros de Armamento y Construcción (militares).

Este centro, en lo que se refiere a su función específica, era la de desarrollar armas ligeras y pesadas y estaba atendida por un numeroso grupo de ingenieros alemanes, todos ellos contratados entre el personal técnico alemán que al terminar la guerra emigraron a otros países, especialmente a España, todos ellos eran especialistas reconocidos y que habían trabajado en importantes compañías alemanas dedicadas a la fabricación de armas, Krupp, Reischmetal, etc. y estaban especializados en el cálculo, desarrollo y fabricación de armas (cañones, cohetes, armas ligeras etc. etc.). Este grupo de técnicos alemanes, quienes se desempeñaban en forma autónoma bajo la dirección de un jefe, también alemán. Y nuestro grupo de proyectistas y dibujantes en la que cada quién, laborábamos en la asistencia a un técnico alemán.
Pues aquí llegué, y creo que caí de pie. Fui muy reconocido y estimado, así como respetado profesional y personalmente mi criterio y opiniones en este lugar, profesionalmente y como persona me sentí realizado, así fue como recuperé sobradamente toda mi deteriorada autoestima.

En cuanto al aspecto económico, fueron conmigo en lo personal de una liberalidad, no solamente desconocida para mí, sino incluso insospechada. Un buen salario, tres períodos de vacaciones (verano, cuatro semanas, Navidad, tres semanas, y Semana Santa dos semanas) más primas por residencia, viáticos en caso de viajes, bonos por productividad, y cuatro pagas extraordinarias anuales.
Pero al cabo del tiempo, al cuarto año, me encontré en una situación inesperada. Mi posición, aunque muy apoyado y reconocido tanto por el personal directivo español, como por el alemán, fue objetado, y todo por mi condición de civil. Esta decisión, que me cayó como rayo, procedió de las altas esferas militares, en la que se establecía, el que todo jefe de origen español, como era mi caso, debía ser ocupado por un militar a nivel de jefe y procedente de la Escuela de Ingenieros de Armamento y Construcción.

Después de un sin fin de dimes y diretes, acuerdos y desacuerdos, etc. etc. en un deseo de favorecerme le hallaron la vuelta. Reconocieron el que los estudios en la Escuela de Armería, eran equivalentes hasta cierto nivel con los impartidos por la Escuela de Ingenieros en Armamento y Construcción.
Reconocida y aceptada la mencionada solución, sólo quedaba condicionado, y de esto nada me libraba, a que yo debería presentar un examen de actualización. Y el cual, el examen, podía evitarse con el reconocimiento de mi desempeño en el trabajo.

Aparentemente todo quedó resuelto y arreglado, pero la verdad es que no. Aún cuando aceptara y quedara en mi trabajo, la situación era que, automáticamente me convertía en militar. De momento con grado de oficial (teniente) y naturalmente que sujeto a las leyes, disciplina y reglamentos militares. Y sería en una segunda etapa en que tendría que sujetarme a un periodo de internado por seis meses en la Academia Militar de Armamento y Construcción para una actualización y capacitación técnica. Y sería terminado con este protocolo que yo recibiría un reconocimiento por mi puesto y esta vez sería con grado de comandante. Con todos los privilegios y prestaciones que suponía tal condición.

Y aquí fue donde la burra perdió el rabo... ya que eso de ser militar, por muy comandante que fuera, no cuadraba con mi devoción, en mi interior siempre odié el militarismo, y mira por dónde... la verdad es que por mucha buena voluntad que yo pusiera en aceptar... no me entraba... y no me sentía dispuesto a aceptar las condiciones ni la rigidez ni la disciplina militar. Así que decepcionado, empecé a considerar otras opciones. Y fue a partir de éste momento y en éste verano de 1954 después de más de cuatro años en el CETME, cuando sucedió como en cascada todo lo que hizo para que yo me viniera para México.

Al respecto de lo anterior, en algún lugar de estos recuerdos me refiero con más exactitud a toda ésta época en que me vine a México.

 

Visto 1759 veces Modificado por última vez en Lunes, 31 Marzo 2014 15:36

Deja un comentario

Asegúrate de llenar la información requerida marcada con (*). No está permitido el código HTML. Tu dirección de correo NO será publicada.