×

Advertencia

No se pudo cargar el archivo XML
Viernes, 17 Octubre 2008 14:11

Dos barcos, dos patrias y dos vidas III/III

Escrito por Pablo Zulaica Parra
Valora este artículo
(0 votos)

El regreso

“Papá nunca quiso volver a casa mientras viviera Franco. Corría 1960 y yo moría de ganas por regresar, pero se me hacía una especie de traición a sus ideas. Un día decidí pedirle permiso para viajar a España, conocer Euskadi e Irún.” Mª Carmen encontró en su padre a un hombre firme pero comprensivo. No hubo que insistir. Compró un pasaje a Madrid para ella sola.

Ya desde el mero momento del aterrizaje, pero más aún en su casa, estaba maravillada. “A primera vista, Euskadi me impresionó, y en realidad toda España. En los pueblitos chiquitos había de todo, hasta súper. Ahora, incluso helipuerto para que llegue el helicóptero médico. Limpieza, orden, gente que se cuida… Destaca que en Bilbao, en casa de unos amigos, conoció a una chica de limpieza que podía ser modelo, guapísima, educadísima. Se le quedó marcado este detalle, aunque en realidad puede extrapolarlo al grueso de la población. De carácter, la gente le pareció amabilísima. Cita concretamente lo muy gentiles que fueron con ella en el antiguo Gaztelupe. Y cuando intentaba relajarse caminaba por el malecón, pero alguna gente le paraba: “¿Mª Carmen, la del hotel Jáuregui? ¡Yo soy hija de tal! ¡Yo soy hijo de cual!”. Ella atribuye aquel inesperado detalle, tan lleno de gratitud, a que en épocas malas para los pescadores éstos iban a las bodegas del hotel para obtener comida.

En cuanto al hotel, en aquella primera visita, el primer Jáuregui “estaba cubierto con una tapia, pero actualmente está precioso”. Mª Carmen reconoce que la última vez que lo vio le entró una llorera tremenda. Antes lo regentaba un primo de su amachi. Ahora, la viuda de uno de los hijos del primo. Aparte del Jáuregui, en su día los hoteles familiares fueron muchos más: el hotel Concha, en cuya cocina nació Conchita, el Miramar y el Mouriscot. De ellos no queda nada salvo algunas postales antiguas. Además de los hoteles, su abuelo Ernesto tenía terrenos, precisamente en el Puntal, la zona costera donde actualmente están las pistas del aeropuerto.

Los Jáuregui son muy numerosos en Fuenterrabía, tanto que han dado dos alcaldes a la villa, Juan Jáuregui Echenique, abuelo materno, y el alcalde hoy saliente, Borja Jáuregui, algo más lejano. Sin embargo, de su familia más cercana no queda apenas nadie. Incluso sus primas hermanas viven en México. Entre el exilio y el tiempo pasado, ya sólo viven allí Jáuregui de segunda generación.


El Regreso (con R)

El 20 de noviembre de 1975 murió Franco. Al día siguiente Antonio, Concepción y Mª Carmen compraron un boleto a Madrid para unos meses después. Conchita se quedaría para cuidar de la familia. Así es más o menos como se pudo haber imaginado Mª Carmen el regreso de sus padres.

“Fue la experiencia más maravillosa de mi vida. Llegamos a Madrid y allí tomamos un tren hacia Irún. Con el traqueteo de fondo, un torrente de sensaciones empezaba a amontonarse en las entrañas de los dos. Algunas en la cabeza, otras en el corazón, todas muy adentro. Y otras en el estómago, y en la garganta, como sucede con las más intensas. Lo sé muy bien como hija de exiliados, consciente plenamente de lo que ellos están viviendo. Atravesamos Castilla, llana, vasta, ocre el trigo al antojo del viento. El tren se acerca ahora a Euskadi, el terreno cambia, es ahora verde el color de ese viento que hace cabriolas tras el cristal de las ventanas. Tenéis una cara de pasmados… se os va a quedar la nariz pegada. Los paisajes son verdes y vuestras lágrimas son rojas.

El tren decelera con suspense, con suspense decelera, decelera en la estación de Irún. El convoy se balancea a un lado y a otro. El acero chirría. Y en un momento muy, muy preciso, el mundo se para. No hay ruido ya. Siguen unos pocos pasos sobre el pasillo. Tuc, tuc. Luego la escalinata. Una. Dos. Tres. Y agotado el tiempo y ya sin poder frenarlo y olvidando la maleta más de cuarenta años y diez mil kilómetros se echan encima como una ola gigante del Cantábrico. Maritxu, venida desde Francia, está ahora en el andén. A su lado Manolo, después de un campo de concentración y de poner sus manos al servicio del valle de Los Caídos, “aquella porquería de Franco”. Amigos de la infancia, hermanos de sangre, invisibles todos por casi 40 años hasta ese momento de andén, que es como la orilla del mar. Todos ellos están en esa ola.”

Durante las siguientes dos semanas hubo comida en casa de uno, cena en casa de otro, desayuno con los de arriba, almuerzo con los de abajo. Un ritmo frenético que se repitió a partir de entonces, todos los años, hasta el primer infarto de Antonio. Hasta la fecha, ya fallecido su padre, Mª Carmen y sus 72 años visitan Irún cada dos veranos aproximadamente. Cuando va, ya no trae consigo pinceladas de Txingudi bajo el brazo porque el amigo Iturrioz, el pintor de las marinas del Bidasoa, falleció en el noventa y ocho. Pero no hay mejor droga para quien frecuenta la tierra propia que aspirar sus vientos cada cierto tiempo, y más si vienen cargados de un mar con tanto olor a casa.

Antonio de la Serna Pozzi y su esposa Concepción Jáuregui Lapitz, padres de las entrevistadas

                                                              FIN


 

Visto 2575 veces Modificado por última vez en Lunes, 31 Marzo 2014 15:24

Deja un comentario

Asegúrate de llenar la información requerida marcada con (*). No está permitido el código HTML. Tu dirección de correo NO será publicada.