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Jueves, 23 Octubre 2008 09:57

XVII De cuando me tocó ir de soldado.

Escrito por Félix Arrieta Etxeberría
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De cuando me tocó ir de soldado.


Con la intención de evitar el que cuando fuera llamado a filas fuera destinado a África, previamente había solicitado el ingreso voluntario al Cuerpo de Aviación en Zaragoza. Así que en enero de 1947, portando el requerimiento recibido, me presenté en Zaragoza, en la Jefatura de Reclutamiento de Aviación. Y para mí, aquí empezó una nueva vida, lejos y sin el apoyo y la comprensión de "papá y mamá".
Y a partir de ese momento me sentí como cucaracha fumigada, y bajo el dominio y el alcance de las botas guerreras de mis superiores. En el que el capitán era casi Dios y el sargento, un cabrón desertor del arado que nos traía a parir. Lo primero que tuvimos que aprender fue el que a nosotros, reclutas recién ingresados, pretendían el que como personas nos consideráramos menos que una colilla de cigarro, a quien podían pisar impunemente.

Mi primer encontronazo con el entorno militar fue un desafortunado hocicazo que me di, a causa de que por un mal entendido, no me presenté donde debía, en el momento que debía, y ante quien debía. Y cuando al otro día me presenté en una oficina, ante el oficial de reclutamiento... me puso una regañada que para qué os cuento. Pues resultó que todos los reclutas que se presentaron de víspera, ya habían sido destinados y trasladados, a sus nuevos destinos. Quedaba yo sólo.
Este energúmeno que me recibió en aquellas formas era un teniente chusquero, con más edad que una vieja cacatúa, y que cuando me presenté ante él, se puso frenético, a punto de congestión. Yo me espanté, pues creí que le iba a dar una apoplejía. Aunque la verdad fue, que en ese momento, era lo menos que podía desearle.

Esa misma noche con otros despistados como yo, fuimos todos destinados y llevados al aeródromo de Sanjurjo, un aeródromo militar situado a 25 km. de Zaragoza.
Como dije antes, era enero y hacía un frió de muchos grados bajo cero. Nos llevaron a unas barracas-dormitorios. Y nos destinaron unos camastros, sin cobijas. Pasé un frió polaco.....(po...la...co...la) y natural que no consiguiera dormir. Y al día siguiente, todo trasnochado, comenzó mi vida de soldado, que duró dos años. Tres meses de "entrenamiento", "instrucción" (guardias, lavar peroles y retretes etc. etc.). Ya jurada la bandera, nueve meses más los pase en Sanjurjo. Y el segundo año (fue el año más bueno de mi vida), lo pasé destacado en Gernika, y aquí estuve solo. Mi función fue la de ser observador antiaeronáutico (no es chiste). Debía reportar los aviones que trasvolaban por Gernika, indicando orientación, altura aproximada, tipo y nacionalidad del avión. El resultado fue que ese año y en Gernika lo pasé bomba.
Tenía libre acceso y sin obstáculos a todas las dependencias municipales, cárcel, biblioteca, asistir como oyente a las sesiones municipales, así como también acceso gratuito a todas las demás instalaciones, frontón, campo de fútbol, Casa de Juntas, cine, etc. etc. etc. etc. Y como gesto inútil y vanidoso de snobismo, me daba el lujo, cuando así me apetecía, de ir a dormir la siesta en la mitad del campo de fútbol. Y lo hice varias veces.

Cuando con la correspondiente orden me presenté en el Ayuntamiento de Gernika para que me proporcionaran un lugar que me sirviera de habitación y dormitorio, me la dieron una habitación que estaba encima de las celdas de la cárcel, con una gran ventana a la calle. Había un catre de madera con un colchón de paja molida y más dura que una losa. Por lo que en un alarde de sentido práctico, tomé mis cobijas y sábanas e hice mi cama lo mejor que pude, y seguidamente procedí a clavetear el extremo inferior de la cobija con las sábanas y el colchón al catre. De esta forma la cama ya hecha me duró todo el tiempo que estuve en Gernika, un año, exactamente.

Y vuelvo a Zaragoza, cuando recluta, en los próximos días posteriores al ingreso, nos proveyeron de equipo; ropa, botas, abrigo etc. etc. y resultó que nada de lo que me entregaron me servía. Aunque algo delgado, yo medía 1.90 mts de estatura y mis pies eran de tamaño respetable. Por lo que resultó, que de la ropa y calzado que me fue entregado nada me servía. Y lo mío se convirtió en problema. Por lo que tuvieron que pedir a los almacenes de la mayoría la ropa adecuada a mi talla. Y resultó que no existían ni ropa ni abrigo para mi talla ni botas para mis pies. Menos mal que yo llevé en mi ingreso unas botas que empleaba en mis caminatas montañeriles. Y gracias a ello pude preservar mis pies de la humedad y frío que hacía. El uniforme que me dieron era de chiste, las mangas de mi guerrera me llegaban a mitad del brazo, y lo mismo los pantalones. Y como tampoco existían botas de mi medida, cuando el tiempo lo permitía calzaba alpargatas, tanto en los desfiles como cuando iba de paseo a Zaragoza.

Cuando las marchas y desfiles, era costumbre para armonizar el paso el que se cantara. Eran canciones sencillas pero por su ritmo y compás, ayudaba a marchar en orden.
En esa época, no sólamente era alto y bastante desgarbado, sino que poseía un vozarrón que se me oía claro y fuerte.
Pues bien en las marchas y desfiles estoy seguro que ponía todo mi entusiasmo en cantar, y tampoco existe la menor duda de que desafinaba, ya que a mí el canto no se me daba, pero que más daba, la tropa no era un orfeón, hasta que un día, y aquí si que me humillaron, mi capitán me prohibió que cantara, pues según afirmaba, que yo, con mis cantares y con mi vozarrón, era la causa de que toda la tropa perdiera el paso... qué exagerado. Por lo visto, no le caía nada bien.

4 LEGION DE TROPAS DE AVIACIÓN                                                 5° COMPAÑÍA 

El legionario Felix Arrieta Echevarría va con traje de paño y alpargatas por no existir traje de sarga ni botas de su talla y número en el almacén de esta  ?yoría

A Sanjurjo 1 de Agosto 1947

EL CAPITÁN

Recuerdo que viéndome en un espejo, la facha que yo tenía con aquellas ropas improvisadas, era como para morirse de risa. Parecía un espantapájaros. Por esa causa me libré de desfilar en cuanta ceremonia se celebraba en los cuarteles.
Cuando en la ceremonia de la jura a la bandera, en la que estaban presentes los más altos jefes del cuerpo, resultó, que por impresentable yo exenté de desfilar y jurar en la ceremonia con todos los demás compañeros... pero no me libré de jurar, y lo tuve que hacer privadamente en la biblioteca.
Y esta situación no dejó de causarme problemas, sobre todo cuando me iba de permiso o de paseo a Zaragoza. En varias ocasiones fui detenido por la Policía Militar, y llevado a resguardo, siendo necesario que del cuartel enviaran a alguien a mi rescate. Y esta situación se repitió varias veces. Lo suficiente para que mi capitán se decidiera extenderme un pase en el que textualmente más o menos decía:
“Aeródromo de Sanjurjo (Zaragoza). Sexta región aérea. A solicitud del interesado y para lo que proceda, se expone lo siguiente: El legionario Félix Arrieta Echeverria va con traje de faena y alpargatas por no existir uniforme y botas de su talla y número en los almacenes de esta mayoría. (firmaba) Capt. Manuel Serrano Expósito Comandante del campo”.
Con este pase dejaron ya de molestarme los de la Policía Militar.
Más tarde, en una sastrería civil y por cuenta del Cuerpo de Aviación, me hicieron a la medida los uniformes de tela de sarga para verano y de paño para invierno, así como el abrigo y las chamarras para invierno. Y otro tanto con la botas, éstas eran de media caña, y también me las hicieron a la medida. Me parecieron enormes.
Éste hecho de que tuvieran que hacerme todo mi equipo a la medida era algo sobre lo cual no existían precedentes.
Y para remate resultó que el corte de todos estos uniformes eran de diseño moderno o futurista. Y por lo tanto también desconocido para algunos de los oficiales o de la Policía Militar. No obstante el pase que llevaba, seguimos con las llamadas de atención, solo que estas veces no me metían al bote.
Cumplido con el periodo de "capacitación" que duró tres meses se nos dieron nuestros destinos, algunos fueron destinados a servicios de cuarteles y militares, guardias, patrullajes, destacamentos, etc. otros para la cocina, algunos para oficinas, y así por el estilo. En mi caso previamente había solicitado ser bibliotecario pues en esas fecha el anterior bibliotecario, que era mi amigo, se licenciaba y se regresaba a su casa. Enterado de esta vacante, fue que solicité ser bibliotecario y me lo concedieron.
Fue estupendo. Sobre todo para mí, que gustaba de la lectura pues gracias a ello, nada más desayunar me desaparecía y me iba a la biblioteca, y allí me apoltronaba hasta que llegaban soldados y oficiales que gustaban de leer o recibían algún que otro cursillo y tenía que atenderlos.
Entre los cursos que se impartieron, fueron varios de capacitación para el servicio de antiaeronáutica.
Como circunstancialmente siempre me tocaba estar presente en estos cursos, lógicamente me los aprendí. Así que en una ocasión se me ocurrió proponer a las personas encargadas de impartir el curso (un capitán y un sargento) el que yo podía dar ese curso (di dos, en el lapso de medio año) y en tanto ellos se tomaban ese tiempo, de tres semanas por curso, como permiso. Pero condicionando el que a cambio, ellos me ayudarían a cambiar de servicio, y así como el poder escoger el destino final donde cumplir el servicio mencionado es que supe de que estos destacamentos, de dos soldados por destacamento, estaban ubicados por toda la frontera con Francia así como por Guipúzcoa y Vizcaya (Gernika, Markina, etc. etc.).
Y así sucedió, solicite el cambio de servicio, y en un abanico de posibilidades, escogí Gernika. Y aquí pasé todo el año 1948. Al principio de enero tome posesión del destacamento (yo solo). Y al principio de enero de 1949 entregué el puesto a mi relevo y me licencié y regresé a casa.

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