Miércoles, 03 Diciembre 2008 07:08

Declaración Institucional con motivo del Día Internacional del Euskera 2008

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Declaración Institucional con motivo del Día Internacional del Euskera 2008


En el escrito el Gobierno Vasco, las tres diputaciones forales y Eudel
señalan que para llevar un idioma minorizado a la normalidad, es
"imprescindible procurarle el medio ambiente adecuado, y todos cuantos
formamos la sociedad vasca seamos o no vascohablantes hemos de
comprometernos en la consecución y sostenimiento de ese medio ambiente, sin
que ello suponga, obviamente, renuncia alguna a la opción lingüística de
cada cual, pero favoreciendo, al mismo tiempo, la ajena". 

La celebración del Día Internacional de Euskera nos brinda una ocasión
propicia para rememorar aquellas certeras palabras del insigne Mitxelena:
"Así como nuestro país necesita su sitio entre los países, también nuestro
idioma debe encontrar su lugar entre los idiomas; sin afán de vanagloria,
debe procurarse un lugar que le garantice la pervivencia y el crecimiento".
Esas memorables palabras adquieren, si cabe, especial eco en la celebración
del presente año. En efecto, en los inicios de este 2008, declarado Año
Internacional de las Lenguas, los responsables de política lingüística del
Gobierno Vasco, la Generalitat de Catalunya y la Xunta de Galicia
suscribieron la Declaración de París por la pluralidad lingüística, con el
objetivo, entre otros, de proclamar en los foros internacionales que "la
pluralidad lingüística constituye uno de los valores fundamentales de la
Unión Europea y representa un fundamento sólido para la construcción de una
Europa unida y plural".
Junto a esa proclama positiva, y coherentemente con una posición favorable a
la pluralidad lingüística, la referida declaración rechazaba "toda práctica
causante o favorecedora de cualquier discriminación basada en la opción
lingüística".
Rechacemos la imposición, por tanto, en materia de política lingüística, sea
cual sea, euskera o castellano, la lengua que pretendiera imponerse.
Rechacemos, en consecuencia, la tentación de impedir la opción lingüística
de nuestros semejantes, por mucho que el motivo fuera un improbable
beneficio para el euskera. Esta sociedad, que ha padecido la imposición
contra el euskera, sabe bien que no es el de la imposición el camino que ha
de conducirnos a la plena revitalización del euskera. Pero atención: así
como para algunos todo cuanto se hace a favor de la revitalización del
euskera resulta poco, para otros, por el contrario, todo es demasiado, y
descalifican injustamente, tildándola de imposición,  toda, o casi toda,
medida destinada a fomentar el uso del euskera y garantizar el derecho de
los ciudadanos a vivir en esa lengua, cuando, de hecho, tales medidas nada
tienen de imposición. En efecto, debemos proclamar, con idéntica firmeza,
que una política eficaz en pro del bilingüismo real comporta,
ineludiblemente, deberes, y tales deberes conciernen, especialmente, a la
salvaguarda y promoción del idioma más débil, pues éste es el que debe ganar
ámbitos, funciones y hablantes. Dichos deberes, además, han de ser fruto
maduro del acuerdo, si se pretende que surtan verdadero efecto en la vida
social. La materia a acordar se circunscribe, por tanto, a las
características y ritmos de las obligaciones a establecer en orden al
fomento del euskera, siempre desde el punto de vista del multilingüismo, y
no a si es o no necesaria una política pública de fomento del euskera y del
bilingüismo. En este terreno, es notoriamente fraudulento confiar a unas
inciertas leyes de la oferta y la demanda la evolución y convivencia de las
lenguas.
Porque, además de erróneo, reivindicar la desregulación en materia de
política lingüística es también falaz. Más falaz y erróneo es, si cabe, el
discurso que niega legitimidad a la regulación en dicha materia. Y pasa de
falaz a perverso el propósito de identificar regulación e imposición. El
multilingüismo, al menos el multilingüismo equilibrado que propugnamos,
precisa que las prácticas lingüísticas que se desarrollan en el ámbito
público sean reguladas, puesto que la desregulación favorece, en sí misma e
invariablemente, al idioma más fuerte. No olvidemos que la legitimidad
democrática de toda norma dimana de la voz de la sociedad y del carácter
democrático de la propia norma. La regulación democrática se sitúa, por
tanto, en las antípodas de la imposición, y resulta imprescindible para
llevar a la práctica una política lingüística de perspectiva histórica
progresista y destinada a incrementar y extender a nuevos ámbitos el uso del
euskera.
No obstante, reconozcamos, antes de que sea demasiado tarde, que tampoco en
este terreno bastan las normas. Porque la normativa, sin adhesión, es como
un cauce seco: puede que llegue a los campos, pero nunca podrá fertilizar la
tierra. En efecto, la única forma de adhesión que el euskera precisa y que
podemos aceptar ha de cumplir claramente ciertas premisas, tanto si las
raíces de dicha adhesión son políticas, culturales o sociales: debe ser
integradora, pues ha de generar cohesión, y no división; debe ser abierta,
pues el euskera extrae de la pluralidad su energía para avanzar, y no de una
afinidad uniformizante. En una palabra, el euskera necesita una adscripción
que respire naturalidad, en armonía con el modo particular en que cada cual
concibe y vive su manera de ser vasco.
En definitiva, para llevar un idioma minorizado a la normalidad, es
imprescindible procurarle el medio ambiente adecuado, y todos cuantos
formamos la sociedad vasca -seamos o no vascohablantes- hemos de
comprometernos en la consecución y sostenimiento de ese medio ambiente, sin
que ello suponga, obviamente, renuncia alguna a la opción lingüística de
cada cual, pero favoreciendo, al mismo tiempo, la ajena. El euskera, claro
está, necesita perentoriamente ese compromiso del conjunto del cuerpo
social. Porque la cuestión no se reduce a garantizar cierta pervivencia al
euskera; antes bien, se trata de situarlo en la fructífera senda del
crecimiento sostenido. Ése es el mejor objetivo para una política
lingüística que ha de conducirnos al multilingüismo.
Tal objetivo, no obstante, convoca especialmente a nuestros conciudadanos y
conciudadanas monolingües. Porque para avanzar en el camino del
multilingüismo equilibrado y, por tanto, de la normalización lingüística los
ciudadanos y ciudadanas monolingües deben dar pasos hacia el euskera. Porque
no es posible garantizar al euskera el aliento que precisa si cada uno de
nosotros y nosotras, cualquiera que sea su opción lingüística, no se
esfuerza por remover los obstáculos que dificulten el desenvolvimiento de
quien se expresa en euskera. Sólo de ese respeto práctico proviene la
viabilidad del multilingüismo. Aquí y en cualquier lugar.
Asimismo, una política lingüística favorable al euskera no puede considerar
como rival a ninguna otra lengua o universo cultural. Y no únicamente porque
en tal hipotética rivalidad sería el euskera la lengua más perjudicada. Sino
sobre todo, y más allá de esa certeza, porque supondría una contradicción
insalvable para la cohesión de nuestro pueblo. En efecto, los ciudadanos y
ciudadanas vascos formamos una única sociedad en la que viven
simultáneamente y comparten espacio múltiples mundos, todos ellos
complementarios. Esto es, el mundo que se expresa en una lengua distinta al
euskera se fortalece protegiendo al euskera, de la misma manera en que el
mundo que se expresa en euskera se fortalece aceptando de buen grado la
convivencia con otras lenguas. Porque nuestro pueblo, además de contener
multitud de universos, se siente orgulloso de todos ellos. Precisamente por
esa razón, entre otras, desea nuestra sociedad ser verdaderamente
multilingüe, porque el multilinguismo nos beneficia a todos, sin que nadie
pierda nada. Mientras que dando la espalda al euskera, por el contrario, no
hay beneficio posible. Sí, en cambio, perjuicio. Además, somos todos sin
excepción quienes perdemos viviendo de espaldas al euskera, y todos ganamos
haciendo al euskera el sitio que necesita en nuestra vida y en nuestra
sociedad. Pues en eso, precisamente, consiste ser un pueblo.
Sólo a través de la relación sana con los demás idiomas hallará el euskera,
por tanto, el lugar que entre las lenguas le deseaba Mitxelena.
Y la clave de dicho objetivo radica en la cooperación; una cooperación
guiada por una política lingüística abierta y eficaz. Pues ése es, en
definitiva, el cometido que, en esta materia, nos corresponde a las
instituciones vascas: diseñar, renovar y poner en práctica una política
consensuada y eficaz para la revitalización del euskera, en la cual tengamos
cabida todos los ciudadanos y ciudadanas vascos.
En ello se plasma el compromiso que las instituciones vascas, guiadas por el
aquilatado deseo de Mitxelena, proclamamos en el Día Internacional del
Euskera: acuerdo, adhesión, uso.

Vitoria-Gasteiz, 1 de diciembre de 2008

 

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