Jueves, 03 Mayo 2012 13:00

Sazón vasca

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Sazón vasca
 

Cony Delantal


 Reforma
 
NIÑOS Y MAMÁS FELICES

Si piensan en un restaurante para celebrar el 10 mayo les
sugiero que tengan en cuenta el Alaia, sobre todo si tienen
hijos pequeños. Además de que en nuestra última visita nos
fue muy bien, el lugar tiene un cuartito acondicionado para
entretener a los querubines con televisión, juegos y demás.

Hay personas al cuidado de ellos que los ponen a hacer
manualidades por sólo 30 pesos. Por primera vez las hijas

de la pareja con la que fuimos no querían irse del restaurante
de lo felices que estaban.

Pero eso no fue lo único que nos gustó. De entradas o pintxos
pedimos el jamón serrano ($155) y estaba para chuparse los
dedos. También, el mesero nos ofreció los pimientos de padrón,
que no están en la carta, muy buenos, fritos en aceite de oliva
y sal de grano. Tuvimos suerte de que ninguno picara. A nuestros
amigos se les antojó el pulpo a la gallega ($225) y también
nos encantó. Muy bien sazonado y preparado.

A todo esto, estábamos contentos porque además el servicio
fue inmejorable. Vale la pena mencionar que el dueño del lugar,
Alberto Ituarte, pasó de mesa en mesa a agradecernos nuestra
visita y supervisar que todo estuviera bien. Algo que pocas
veces se ve, y que de verdad nos hizo sentir bienvenidos.

De plato fuerte nuestro amigo pidió el solomillo prime con
anchoas y champiñones sobre papas a lo pobre ($295). Nos dijo
que estaba de lo mejor y se veía.

Mi esposo no resistió el lechón al horno ($330) y medio me puso
de nervios porque hace mucho lo pidió y lo tuvo que retachar
de lo malo que estaba. Ahora fue distinto, estaba en su punto.

Nuestra amiga, que se aseguró que las niñas siguieran felices,
pidió el pecho de ternera ($245). De todo fue lo menos afortunado,
pero igual lo disfrutó. Además el platillo se completaba con gajos
de papa al romero. Todo un acierto la combinación.

Yo pedí el pollito 100 por ciento orgánico ($215). Estaba marinado
a las finas hierbas y como guarnición traía un arroz con un toque
de ajo. Todo riquísimo.

De vino, acompañamos con un Protos que es garantía.

Cerramos con un postre de frambuesa y hojaldre, acompañado de
crema pastelera; y otro de limón. Pedimos pacharán, y tan tan.
Una grata experiencia.

Yo sé que los hijos son una bendición, pero también lo es que
nos dejen en santa paz mientras comemos y echamos chisme.
Aquí no hay pierde.

Visto 2123 veces Modificado por última vez en Miércoles, 19 Marzo 2014 23:32

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