Miércoles, 27 Febrero 2008 04:13

Entrevista a Doña Bibiñe Belausteguigoitia

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 El lobo feroz del paso del tiempo no le ha
borrado la sonrisa. Bibiñe Belausteguigoitia,
políglota y trotamundos, campeona de tenis
en su juventud, es la alegre estampa de lo
que algunos han dado en llamar el grupo de
mujeres avanzadas a su tiempo

 "Bilbao es la única ciudad mejorada en esta década"

 

bilbainos que dejan huella  mujer avanzada de su tiempo
 
La vida fluye alrededor de la Diputación

 

La calle le hipnotiza. Bibiñe Belausteguigoitia ha recorrido, raqueta de tenis en mano, cientos de ciudades de todo el mundo. Tiene, por tanto, un ojo de lince para detectar lugares con encanto. La peatonalización de la calle Diputación, "un lugar oscuro y ténebre donde estuvo la consulta de mi padre antes de que marchase de Bilbao, forrada de plomo entera porque manejaba el radio, ha sido todo un acierto. Ahora la calle bulle de vida y dan ganas de quedarse siempre un poco más". Foto: deia
 

 

 


 Jon Mujika 
 

bilbainos que dejan huella bilbao. La vida corre - ¡qué digo corre, galopa!- por las venas de esta mujer de pasado ajetreado. Un constante ir y venir con Bilbao en medio, siete hijos y la sensación de que veinticuatro horas son pocas han marcado su paso por la tierra. Es marquesa de Socorro, familia de una estirpe de legendarios jugadores del Athletic, exiliada de la guerra y mujer vanguardista, siempre un paso por delante de su generación. Se ha hecho un nombre en el mundo del tenis y un hueco en el corazón de quienes la conocen.

Lo suyo debió ser un escándalo...

¿Un escándalo...? ¿Por qué?

¡Aquellas minifaldas!

¡Oiga, que eran faldas cortas! Decían que era avanzada porque jugaba al tenis con ese atuendo, pero era el más cómodo.

Distrajo a sus rivales y fue campeona de Euskadi...

No es verdad. Es verdad que fui la primera mujer que se hizo con el título, pero aquí las posibilidades no eran muchas. Tenga en cuenta la situación del país...

¿Tan sombría era?

Regresé a Bilbao en 1948, a bordo del topo, el viejo tren que llegaba de San Sebastián. Lo primero que vi...

¿Le gustó?

¡Ni hablar! Llegamos a la Encarnación, procedentes de Londres, donde mi hermana había participado en los Juegos Olímpicos. Todo me pareció oscuro, sucio... Pensé: Dios mío, dónde estamos. Recuerdo que teníamos unos trajes de baño preciosos, mexicanos, y aquí resultaban... ¡escandalosos!

Había salido quince años atrás...

Mi padre tuvo que marcharse a México y allí teníamos otra vida. Había que gobernar las plantaciones de algodón que tenía la familia en el Estado de Durango.

Tan joven... ¿Le costó mantener sus raíces?

Mi padre hizo todo lo posible para que no las perdiésemos. Era un hombre muy recto, de palabra. Le contaré algo...

¡Cuénteme!

Todos los días nos levantaba de la cama a las seis de la mañana para hacer deporte y él estaba allí, con nosotros. Los sábados teníamos que nadar en la piscina, jugar al frontón y escribir una carta. Hasta que no cumpliésemos no teníamos libertad para hacer otras cosas.

Eso puede ocurrir en cualquier punto de la tierra: disciplina, educación rigurosa... ¿Cómo mantuvieron el contacto con el País Vasco?

Pese a no ser euskaldunes de cuna, mis padres aprendieron euskera. Se empeñaron en no perder el idioma. En la casa de México nos prohibían hablar español; teníamos una multa de cinco centavos si nos sorprendía hablando en ese idioma. Era una manera de preservar las raíces de un pueblo que nunca salió de nuestra mente.

¿Qué le da hoy el tenis? Se ha hecho un nombre en los circuitos senior...

¡Qué más quisiera! A veces me enfado porque ya no veo como antes, he empeorado mi juego pero mis compañeras son muy amables. Juegas al tenis y te quedas contenta. Toda la vida te parece mejor; te quitas en coraje, te desahogas.

Pero con esa edad... ¿no corre riesgos?

No más que otras personas.

Sorprende ver a gente de su generación sobre una cancha de juego...

Pues debería haber más. Yo he conocido jugadoras de noventa años. El secreto es interesarse por algo en la vida. No concibo que la edad te robe el interés. Puede quitarte facultades, pero no la motivación. Además, el ejercicio físico es necesario para no oxidarse. Es una lección que aprendí en casa.

Sus padres parecen haberle marcado el camino...

En cierta medida sí. Mi padre era delegado del Gobierno vasco en México. Vivimos con mucha intensidad el bombardeo de Gernika y la guerra. Tiempos horribles.

¿Qué podían hacer desde el país azteca?

Construimos el Hogar vasco donde dimos asilo a muchos refugiados. Lo hicimos con nuestras propias manos y recuerdo que incluso Aurelio Arteta, que vivía en casa, echaba una mano con la pintura de brocha gorda. También pasó por casa una temporada Telesforo Monzón, una gran persona que, sin embargo...

¿Qué ocurrió con él?

Se hizo diferente por querer mandar, por desear el poder. Cuando salió Leizaola... ¡buf! No sé lo que pasó por su cabeza.

¿El poder cambia?

Y tanto que sí. Creo que transforma al hombre de un modo u otro. Es evidente que no todo el mundo está capacitado para ejercerlo.

Regresemos a Bilbao. Su familia fue pionera en medicina.

Mi padre estudió con Lassagne, ayudante directo de Madame Curie, en el Instituto Pasteur. Incluso dio algunas clases con la investigadora y tenía un retrato de ella firmado en su gabinete de la calle Diputación, donde introdujo el radio por primera vez en Bilbao.

¿Qué supuso aquello?

Eran los albores de la lucha contra el cáncer. Luego llegó la guerra y un ayudante suyo, De Miguel, se llevó todo a Madrid, al bando nacional.

¿Pasó hambre en aquel Bilbao de entreguerras que conoció?

Había más carencias en Londres, azuzada por la II Guerra Mundial. Aquí podía encontrarse de todo, aunque no digo que fuese fácil.

Apenas quince días en Euskadi y hubo de regresar a México...

Me fui con la convicción de volver. Fui y vine varias veces hasta que en 1954 decidí quedarme.

Vivió, por tanto, un Bilbao duro...

Yo no he tenido una de esas vidas complicadas, todo hay que decirlo. No era fácil, claro. Había mucha suciedad pero a la vez se veía una ciudad dispuesta a salir adelante. El temperamento de los vascos siempre ha sido indómito.

¿Aún hoy?

Claro, todavía hoy. Lo que ocurre es que Bilbao se esta asemejando cada día más a otras ciudades. Es el mundo entero el que parece haber seguido una inercia. Ves el México antiguo, Hong Kong, China... Ya nada se parece a lo que fue.

¿Le duele esa similitud?

En el caso de Bilbao, no. A mi entender -y algo he viajado para hablar con conocimiento...- Bilbao es la única ciudad del mundo que se ha transformado para bien en la última década. Es increíble el cambio. Asombra al mundo entero.

Claro. El Guggenheim y su efecto lupa...

No sólo el Guggenheim. Si se mira bien, la ciudad descubierta bajo la capa de suciedad ya era hermosa antes del museo. No cabe duda que éste ha puesto a Bilbao en el mapa internacional, pero hay otras virtudes...

¿Queda hueco para algún defecto, alguna añoranza irrecuperable?

Me temo que el vestir... ¡Cómo vestía el señor de Bilbao! Siempre impecable. Hoy las cosas han cambiado a peor. Y no digamos nada del verano... ¡Es horrible! A veces parece que la gente no tiene espejos en los que mirarse, pero en fín. Será el signo de los tiempos que nos tocan.

¿A usted le tocó otro en el que fue, incluso, marquesa de Socorro?

No me casé con un marqués sino con un gran hombre. Fue un noviazgo al viejo estilo, no ese aquí te pillo, aquí te mato de hoy en día que no me gusta demasiado.

Sí apreciará el status alcanzado por la mujer...

Es evidente que se han alcanzado muchas conquistas sociales, pero a veces tengo la impresión de que hemos dado una vuelta más a la tuerca. Hay cosas que una mujer....

¿Qué cosas?

Cosas... Dejémoslo así.

Su familia hunde sus raíces en la historia del Athletic...

Es cierto. Varios miembros jugaron en este club, un santo y seña para nosotros. El Athletic fue a México en 1935 y José María Belausteguigoitia era el capitán...

Le dolerá, entonces, el momento por el que atraviesa el club...

Sí, como no.

Haga un diagnóstico

Andan demasiado de juerga. Creo que ganan mucho dinero, una auténtica fortuna, demasiado jóvenes. Eso descoloca.

No la imagino a usted con una copa de anís en vísperas de un partido trascendente...

No podíamos ni salir a bailar. Pero no era una prohibición, era algo propio de la motivación personal...

¡Florece el espíritu competitivo!

Aún hoy, cuando tengo grandes amigas dentro del circuito senior, he de reconocer que, dentro de la cancha, no conozco a nadie. Sólo quiero ganar. Si compites es para eso. Y para ganar hay que estar atenta, en forma, con los cinco sentidos puestos en el juego.

Los jugadores del Athletic...

A la vista está que no.

Despídase con un sueño inalcanzable...

No pierdo el tiempo en soñar con lo que no puedo. Quise volver a Bilbao y aquí estoy. Quise que fuese una gran ciudad y lo es.

sus frases

"En el Bilbao de los años cuarenta imperaba la oscuridad y la mugre. Hoy todo reluce"

"La conquista social de la mujer es clara, pero hemos dado una vuelta de más a la tuerca "

el protagonista

carné de identidad

· Edad. 78 años. Nació un 23 de abril de 1929.

· Lugar de nacimiento. Bilbao, en el corazón de Indautxu, aunque a los tres años se desplazó a vivir a México de donde no regresó hasta 1948, cumplidos los 19 años.

· Familia. Viuda desde hace nueve años del Marqués de Socorro. Tiene siete hijos que son su auténtica pasión.

· Carrera profesional. Trabajó en la embajada de EE.UU. en Bilbao y fue campeona de Euskadi de tenis. En la actualidad participa de manera activa en el circuito senior. "Es verdad que mueren algunos de infarto, pero son muchos más lo que disfrutan del beneficio del deporte", asegura con sorna.

1. La limpieza. Antes todo estaba negro o se ennegrecía a nada que te descuidases. Volvíamos de Lekeitio y te pasabas quince días quitando una grasa oscura de los muebles. Detrás de esa oscuridad hemos descubierto un Bilbao de hermosas fachadas.

2. A ninguna. He vivido siempre demasiado bien como para pararlo y he sido muy feliz. Además, tengo memoria selectiva, me olvido de lo malo rápido.

3. Nada, que yo recuerde. No hay color entre aquel y éste.

4. Admiro las calles peatonales, el Guggenheim, el redescubrimiento de Euskalduna. ¿Contrariar? Quizás que haya perdido una parte de su identidad, que cada día se parezca más a otras ciudades.

5. Conocí a José Antonio Aguirre y eso deja huella. Era, por encima de todo, un hombre bueno. También era un grande el Padre Arrupe, con quien mi hermana coincidió en Japón. Y, por supuesto, Joaquín Achucarro... ¡Maravilloso!

6. ¡Me tuve que ir con sólo tres años! De regreso, con 19 años, llegué a través del topo de San Sebastián y lo primero que ví fue la Encarnación.

7. Más que esperar a que suceda algo, prefiero algo que no suceda. No quiero que descapitalicen la ciudad, que no se llevan la sede de las grandes empresas a Madrid. Eso hace daño.

8. He viajado por todo el mundo y, sin duda alguna, el santo y seña siempre fue el Athletic. Ahora, está el Guggenheim y, para nuestra desgracia, antes y después, ETA.

9. Recorrer la Gran Vía de arriba a abajo, de tienda en tienda, de banco en banco, es un espectáculo. Es una calle que te hace sentir viva.

10. Veo a Bilbao como todos: orientada hacia el sector servicios y creciendo en este campo. Imagino que cada vez habrá gente más diversa y eso da riqueza, pese a ese sector de inmigración incontrolada que viene a lo que viene.

El inicio de una novela de aventuras

La vida de Bibiñe Belausteguigoitia es singular desde su nacimiento. Tal vez por ser consciente de ello, la protagonista de estas páginas escoge, como texto manuscrito, una narración sobre aquellos primeros años que bien pudieran ser las palabras del inicio de una novela de aventuras que hoy continúa escribiéndose sobre renglones bien rectos.

 

"Mi madre y mi tía Rafilán se quedaron huérfanas cuando tenían 9 y 5 años; un tío fue su tutor, las trajeron a Durango y estuvieron internas en el colegio de las monjas francesas. Luego se casó con mi padre que era médico especialista en cáncer y estudió en París con Mdme. Curie. Fue el primero que trajo el Radium a Bilbao. También fue el quinto hermano que jugó en el Athletic de Bilbao.

 

Se tuvieron que ir a México. Iban y volvían y dejaban a sus hijos en su casa de Indautxu hasta que nos llevaron. No volví hasta el año 1948. Sólo estuvimos 15 días en 1948.

 

Después volvimos muchas veces hasta que me quedé, gracias a Dios. Estoy nerviosa, la letra me salió horrible.

Bibiñe Belausteguigoitia
 

 

 

Visto 5739 veces Modificado por última vez en Jueves, 27 Marzo 2014 20:15
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